Espacio líquido de creación y crítica literaria. Marcelo Matas de Álvaro

viernes, 6 de abril de 2012

Una historia de más de mil años

TRISTÁN E ISEO


Autora: Béatrice Fontane
Ilustradora: Aurélia Fronty
Editorial Edelvives
Páginas: 36




            Ante la celebración el próximo 2 de abril –coincidiendo con el aniversario del nacimiento de H.C. Andersen- del Día Internacional del Libro Infantil, uno siempre tiende a escoger, entre la marea de papel que inunda el espacio siempre pequeño de las librerías, una obra clásica de la literatura infantil y juvenil o, como en este caso, la versión para niños de una leyenda que ha sido transmitida de generación en generación a través de los siglos.

“Tristán e Iseo” -la adaptación de Béatrice Fontanel que nos ofrece la editorial Edelvives en su colección de álbumes ilustrados- es una buena versión de la leyenda que narra las vicisitudes amorosas del valiente Tristán y la dulce Iseo. En este caso, la fidelidad al original de la obra que nos ocupa no puede ser más que relativa, pues la tradición oral, cuyas primeras noticias se remontan al siglo XII, ha ido acumulando con el paso del tiempo tales variaciones en el argumento, en los personajes o en el desenlace de la narración, que hace prácticamente imposible contrastarlo con el relato inicial, perdido en los nebulosos bosques de la mitología celta. Así, algunos autores se han apropiado de esta historia intemporal para incorporarla a su obra, como el poeta normando Beroul, el alemán Gottfried von Strassburg, el francés Chretien de Troyes o el compositor alemán Richard Wagner en su famosa ópera “Tristán e Isolda”.

En esta edición de Béatrice Fontanel están presentes los elementos sustanciales de la conocida leyenda que cuenta cómo Tristán –el triste sobrino del rey Marcos de Cournualles-, después de haber vencido al gigante Morholt, decide ir en busca de Iseo –la rubia hija del rey de Irlanda- para que se case con su tío Marcos. Al volver con la princesa a la corte de Cornualles, los jóvenes beben accidentalmente un filtro de amor que les hace apasionarse perdidamente el uno del otro. Sin embargo, el destino obliga a Iseo a casarse con el rey, con lo cual desde ese día los jóvenes amantes no tienen más remedio que seguir viéndose furtivamente. La historia continúa con diferentes aventuras y vicisitudes hasta llegar a uno de los finales posibles que se han ido urdiendo a través de los tiempos.

            Siguiendo la inicial vocación de las leyendas clásicas –concebidas para que llegaran al pueblo por transmisión oral-, esta edición se sirve de los recursos propios de esta tradición oral para que se le pueda leer en voz alta a los niños o para que ellos mismos la puedan declamar –o interpretar- como si se tratase de un poema. Igualmente, las expresivas ilustraciones de Aurélia Fronty acercan a los jóvenes lectores –a partir de ocho años- la iconografía medieval en la que se desarrolla esta preciosa historia, que “se cuenta a niños y mayores desde hace más de mil años”.


(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 6 de abril de 2012)



           

           




Víctima de animación

A través de los dibujos más primitivos que podemos recordar (aquel primer monigote que torpemente trazamos en la infancia, un pájaro estilizado, un árbol solitario) se desvela uno de nuestros deseos más profundos: que el malvado sea víctima del mismo daño que pretende causar. En su desgacia se sustenta nuestra supervivencia. Sólo 20 segundos para presenciar lo que, en lo más oculto de nosotros, ya sabemos.



Daniel Allan

jueves, 5 de abril de 2012

Pilar Guerra llega a Madrid

Cartel original de la película


En 1926 José Buchs realizó la película "Pilar Guerra", interpretada en sus principales papeles por Rafael Luis Calvo, Juan de Orduña y María Antonieta Monterreal. La sinopsis de la época resumía así su argumento:
"La maestra del pueblo de Araceli, Pilar Guerra, mantiene relaciones amorosas con Luciano, el hijo del alcalde, quien no acepta los amores de los jóvenes. Para separarlos decide enviar a Luciano de viaje y consigue que a Pilar la trasladen de destino. Desesperada, la joven maestra pierde el empleo y se traslada a Madrid, donde sobrevive posando para un escultor, antiguo maestro de Luciano. Ignorante de cuanto le ha sucedió a Pilar, Luciano también se instala en la capital."
Como puede verse, el argumento de los amores contrariados no es muy original, pero lo que interesa -sobre todo técnicamente- es que en la copia que se conserva en la actualidad falta un fragmento quemado. De ahí que sea necesario imaginar cómo fueron las escenas que en su día se perdieron. Con esa intención se ha grabado el siguiente corto en el que "Pilar Guerra llega a Madrid", respetando el cine mudo y en blanco y negro del original, pero naturalmente no el paisaje madrileño de los años 20.
Irene Matas, Daniel Allan, Paula Liaño, José Villanueva, Natella Imamova

Pilar Guerra llega a Madrid

jueves, 8 de marzo de 2012

La maleta loca

Merece la pena detenerse un minuto en mirar este minicorto para descubrir extrañado cómo a menudo llevamos equipaje que no se deja arrastrar tan fácilmente hacia nuestro interior, cómo a pesar del esfuerzo que hacemos para subirlo con nosotros, constantemente se nos resiste y se mueve de sitio, se nos baja y se nos sube por las escaleras de la imaginación hasta que, sin darnos cuenta, alguien pasa corriendo y se lo lleva, dejándonos pasmados por el misterio y la volatilidad de su presencia.

Irene Matas

sábado, 3 de marzo de 2012

Vida del pequeño Dickens


LA FÁBRICA DE BETÚN
Vicente Muñoz Puelles
Editorial Anaya, Madrid, 2012


            Como suele ocurrir cuando se conmemora una fecha señalada –generalmente el nacimiento o muerte- en la vida de un famoso escritor, las editoriales aprovechan el acontecimiento para sacar nuevas ediciones de sus obras, desempolvar algunos papeles olvidados o publicar recientes ensayos o biografías al respecto. A pesar de la habitual saturación que conllevan estas efemérides, también es de celebrar que, asomando entre la maraña de lo ya manido, de vez en cuando salga a la luz alguna original propuesta. Tal es el caso de “La fábrica de betún” (Editorial Anaya, 2012), donde Vicente Muñoz Puelles -Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, 1999- consigue acercar a los jóvenes lectores la figura de Charles Dickens, que –como todo el mundo sabe- el pasado 7 de febrero cumplió sus primeros doscientos años.
            En esta novela, a John Forster -amigo y agente literario de Dickens- se le aparece el espectro del escritor cuando precisamente se encuentra enfrascado en la tarea de escribir una biografía de su amigo recientemente fallecido. Ante la estupefacción de Forster, el fantasma de Dickens no se limita a contarle los pasajes de su vida que él desconoce, sino que lo lleva de la mano –literalmente volando por el cielo- a visitar no sólo los lugares, sino el tiempo donde transcurrió su infancia. Así, Forster es testigo privilegiado del nacimiento de Charles en el seno de una familia más o menos acomodada y de algunas escenas de su infancia dorada en la ciudad de Chatham, donde aparecen sus primeras lecturas –Alí Babá, Don Quijote, Gulliver, Robison Crusoe-, las representaciones navideñas en las que demostraba su capacidad para recitar a Shakespeare y el regalo premonitorio que le hizo el director de su escuela: “El paraíso perdido”, de John Milton. En capítulos sucesivos, el lector asiste –con Forster, que va viendo la vida de Dickens como si fuera una película- a la pérdida de ese mundo feliz de la infancia, que poco a poco se va desmoronando a medida que crecen las deudas de su padre y el pequeño Charles se ve obligado primero a empeñar sus queridos libros y después a trabajar en una fábrica de betún. Las duras condiciones de ese empleo y el sórdido ambiente de la “cárcel de deudores”, donde al final han recluido a su padre hasta que pueda satisfacer las deudas que ha contraído, van llenando a Dickens de argumentos para sus futuras novelas.
Vicente Muñoz Puelles ha logrado escribir una novela plenamente dickensiana, de forma que para contarnos la vida del autor inglés toma prestado el ambiente de sus narraciones, la inconfundible atmósfera de la sociedad victoriana que es la base de la denuncia de la miseria y la injusticia en la que habitan sus desgraciados personajes, pero también nos revela el humor que se destila en tantas obras de Dickens, en este caso “encarnado” en el espectro –figura en la que aparece el biografiado-, tan característico de sus más célebres cuentos. A este homenaje también contribuyen las acertadas ilustraciones de Irene Fra, que envuelve a los pequeños lectores en la atmósfera –también espectral- de la vida del pequeño Dickens.

(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 3 de marzo de 2012)


martes, 7 de febrero de 2012

Charles Dickens


            Como muestra de pequeño, privado homenaje a Charles Dickens en el día en que se cumplen los primeros doscientos años desde su nacimiento, he hojeado algunos de los ejemplares de su obra que tengo en mi librería con la intención de releer esos famosos pasajes que a menudo gustan de permanecer en la memoria. Entre ellos el conocido inicio de “Historia de dos ciudades”, aquel que yo recordaba como “Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos…”. Pero la sorpresa me asalta cuando compruebo que las dos versiones que tengo no sólo no coinciden, sino que contradicen el sentido de lo traducido.
            En la edición de Bruguera de 1974, la traducción de Carlos Sempau dice: “Era la peor y la mejor de las épocas, era el siglo de la razón y de la locura, la época de la fe y de la incredulidad, era un período de luz y de tinieblas, la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación, lo teníamos todo ante nosotros y el horizonte se cerraba delante nuestro, se iba directamente al cielo y por el camino más corto al infierno; en resumen, aquella época era tan distinta a la nuestra que algunas de sus más respetables autoridades opinaban que sólo se debe hablar de ella en grado superlativo, ya sea para bien o para mal”. (p. 9)
            En la edición de Unidad Editorial (Colección Millenium) de 1999, la traducción de Salustiano Masó dice: “Era el mejor de los tiempos y el peor; la edad de la sabiduría y la de la tontería; la época de la fe y la época de la incredulidad; la estación de la luz y la de las tinieblas; era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación; todo se nos ofrecía como nuestro y no teníamos absolutamente nada; íbamos todos derechos al cielo, todos nos precipitábamos en el infierno. En una palabra, a tal punto era una época parecida a la actual que algunas de sus autoridades más vocingleras insistían en que, para bien o para mal, se la tratara sólo en grado superlativo”. (p. 11)
            Las cursivas son mías y tal vez indiquen, con la ironía que tan a menudo se desprende de la obra de Dickens, que ahí resida precisamente la clave que convierte a un escritor en un autor universal, en la libre interpretación –a menudo contradictoria- que en las diferentes generaciones suscita su lectura.

            ("It was the best of times, it was the worst of times, it was the season of Light, it was the season of Darkness, we had of everything before us, we had nothing before us... in short, it was a period very like the present...")

sábado, 4 de febrero de 2012

Un cuento vertical

 Casualidad
Texto de Pepe Monteserín
Ilustraciones de Pablo Amargo
Editorial: Barbara Fiore Editora
32 páginas

            “Casualidad”, con texto de Pepe Monteserín e ilustraciones de Pablo Amargo, es un cuento corto porque se lee en un suspiro y un cuento largo porque después de leído sigue habitando en uno mismo; es un cuento estrecho porque ocupa un mínimo lugar en la página y un cuento ancho porque amplía los márgenes de nuestra imaginación; es un cuento bajito al lado de los dibujos estilizados que lo acompañan y un cuento alto porque en su vuelo nos eleva sobre un paisaje de sensaciones y recuerdos; es un cuento acabado, con su planteamiento, nudo y desenlace, y un cuento interminable que enlaza con la continua maravilla de las historias sin fin; es un cuento para pequeños acostumbrados todavía a leer poco e imaginar mucho y un cuento para mayores que desean que la lectura larga comience cuando se acaba de leer el cuento; es, en definitiva, un cuento que son dos: el que se puede leer (o escuchar si nos lo cuentan) en las páginas pares y el que se puede ver en las imágenes que aparecen en las páginas impares.
            Pepe Monteserín es un autor con una trayectoria larga, ancha y alta (casi interminable en la variedad de trabajos que como escritor frecuenta), que logra condensar en este texto algunas de sus cualidades como narrador. Así, nos ofrece un cuento donde el amor, el humor y el rumor del viento tejen con su hilo poético una leve trama que vuela sobre la casualidad como disculpa de lo que nos acontece. Pablo Amargo, que goza de reconocido prestigio como diseñador gráfico, no se limita a ilustrar el texto, a aportar un mero soporte visual a lo narrado, sino que con sus sorprendentes dibujos en blanco y negro imagina o sueña un mundo diferente, un relato que a través de las páginas va recorriendo una ciudad vertical donde sus vecinos habitan un extraño paisaje de altos edificios y alargados parques, de chimeneas y embarcaderos imposibles, bajo un viento que siempre mueve a su antojo todas las veletas, cometas y molinos del mundo.
En estos atribulados tiempos en los que parece que ya está todo confabulado para la desaparición del libro de papel en beneficio del libro digital, es de celebrar la arriesgada empresa de editar un precioso volumen como éste, merecidamente galardonado con el Premio Internacional CJ Picture Book Award (Corea, 2011). Aunque tal vez los autores y la editorial no lo hayan concebido con esa intención, su diseño también puede pretender llevarle la contraria al viento que, casualmente o no, quiere llevarse volando los libros impresos lejos de la estantería, donde siempre destacará “Casualidad” –por su contenido y formato- entre el resto de los volúmenes que pervivan.
(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 4 de febrero de 2012)