Espacio líquido de creación y crítica literaria. Marcelo Matas de Álvaro

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sábado, 20 de abril de 2024

Relatos con vocación de alas

 


Los pies de los bailarines

Charo Alonso

Castilla Ediciones. Valladolid, 2023



               Tras la lectura de un volumen de cuentos, uno siempre se pregunta cuál es el motivo que los une para que el autor -autora en este caso- haya decidido agavillarlos entre las tapas de un libro. La respuesta está en el mismo título de la obra –Los pies de los bailarines-, que comparte con uno de los cuentos, y en el epílogo -Tiempo de espigadero-, que la propia Charo Alonso (Salamanca, 1967) inserta al final del libro para revelarnos -¡y de qué maravillosa manera!- la gestación de cada cuento y del volumen entero. Así, como los pies de los bailarines, “son relatos con vocación de alas”, pero también, siguiendo con la comparación, es consustancial a ellos “el dolor de donde nacen belleza y vuelo”. De ahí que sean precisamente esa herida y ese ánimo los que insuflan la necesaria gracia a las palabras para alzarse del suelo. Pero no estamos hablando de livianas fantasías líricas que se alejan del mundo, sino de relatos que, siendo “retazos míos de vida”, aspiran a alcanzar el elevado significado que siempre deja tras de sí el evocador halo del misterio. Enhebrados algunos cuentos con el hilo del contexto educativo -presente en la vida profesional de la autora- y otros con el entorno navideño, en su conjunto no dejan de compartir esa extrañeza que los hace emerger por encima de lo cotidiano.

               Como muestra de este luminoso “ramillete de voces”, traemos aquí Cordero de Dios, un lamento de rara belleza donde una hija lanza reproches a su madre desde la mirada triste de quien se identifica con la inocencia de un cordero extraviado; Los mapas del corazón, donde un niño, dividido por la ruptura de los padres, consuela su sentimiento de abandono cobijándose en una soledad que le permite abrir los regalos de los Reyes Magos y así alzarse “libre de toda atadura sobre los mapas de la vida”; De fuera, el largo, doloroso monólogo de una mujer emigrante ante la profesora de su hijo para pedirle que no le quite la posibilidad de seguir estudiando francés, oportunidad que para ella cobra el significado de poder salir de la vida precaria a la que, si no la aprovecha, están condenados tanto el hijo como su madre; Golondrinas, poema en prosa que juega con el vuelo de la golondrina, los giros de una niña en torno a su vestido de flores y los que regresan al sur para “atravesar el Estrecho de los peces y los pájaros, las pateras y los muertos”; El capitán garfio, relato con ecos de la Canción del pirata y de Peter Pan, sobre los llamados sin techo, personas que vagabundean en los márgenes, pero que, entre la libertad, la soledad y el compañerismo se convierten también en “buscadores de perlas, pescadores de conchas, bateadores de oro, cazadores de mariposas”, como el Capitán Garfio.

               En definitiva, Los pies de los bailarines (Castilla Ediciones) es un libro de relatos cargado de potentes imágenes que impulsan la lectura hacia un vuelo cargado de emociones, de ahí que sea más conmovedor el sentido moral que lo impregna, ese que alude a las variadas formas de dolor, esperanza, fragilidad, abandono, miedo, soledad, inocencia, consuelo o ansias de libertad.

(Publicado en el suplemento La sombra del ciprés de El Norte de Castilla. 20 de abril de 2024)

viernes, 27 de enero de 2023

La belleza de lo misterioso

 Solo triste de oboe

Yolanda Izard

Castilla Ediciones. Valladolid, 2022



Es de común acuerdo que todo escritor que se precie de serlo, aspira a ser dueño de un estilo que cualquier lector pueda reconocerle como propio, claramente distinguible de la prosa funcional -o funcionarial- que más se suele celebrar en la literatura de escaparate. La mayoría de estos escritores se conforma -y no es poco- con que el estilo que los defina se ciña a meras cuestiones formales, de manera que investigan dentro de las posibilidades lingüísticas, estructurales, espaciales o temporales del texto, pero algunos -los más osados- procuran hacerse con un mundo personal, un territorio lo suficientemente acotado y ancho que en último término sea capaz de suscitar un planteamiento moral. Yolanda Izard (Béjar, Salamanca), autora que ha cultivado con buena fortuna diferentes géneros literarios, pertenece a ese privilegiado grupo de escritores que pueden presumir de haber creado un espacio propio, no sólo caracterizado por algunos atrevimientos formales, sino más aún habitado por ciertos fantasmas de los que, al convocarlos, parece querer desprenderse. Desde la novela (Paisajes para evitar la noche, 2003; La mirada atenta, 2003; La hora del sosiego, 2021) a la poesía (entre otros Lumbre y ceniza, 2019, finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León), pasando por la minificción o microrrelato (Zambullidas, 2017), hasta el conjunto de relatos que nos presenta ahora (Solo triste de oboe, Castilla Ediciones, 2022), Izard continúa adentrándose en el enigmático universo de la infancia y de los vínculos familiares.

En los 32 cuentos que componen el volumen, la autora explora esa “conciencia arrebatada por el misterio” -explicitada en Cantar, último relato de la serie-, cruzando una y otra vez la delgada línea entre lo real y lo imaginado, entre el suelo firme de los rituales establecidos y la gravitación por lo fragmentado o huido, entre lo cercano a menudo inaccesible y un más allá que puede tocarse con los dedos, entre el artificio del tiempo presente y la verdad de las ilusiones perdidas, entre esa doble fragilidad, en fin, que se produce tanto en la vida como en la muerte. Una aparente paradoja –“Quizá es mortal la misma muerte”, se dice también en Cantar- que se sustenta en una poética trazada con los delgados pero firmes hilos de la imaginación, tan característicos de la obra literaria de Izard. Hilos que parecen hilvanar -por medio de una prosa aderezada con ciertas dosis de lirismo- sueños quebradizos antes de que se pierdan definitivamente en el olvido y ya nunca sea posible esa suspensión de la emoción que produce la lectura de este magnífico, a menudo perturbador, libro de cuentos. Un desasosiego que recoge la estela de Poe o Cortázar –“En el fondo, el cuento es la pesquisa” (cita de Cortázar en el relato Habitación propia)- para continuar indagando, desde las sombras, en la extraña belleza de lo misterioso.


Reseña publicada en el suplemento La sombra del ciprés de El Norte de Castilla. 27 de enero de 2023