Espacio líquido de creación y crítica literaria. Marcelo Matas de Álvaro

miércoles, 1 de agosto de 2012

Recordar lo imaginado





SAL DULCE

José Ángel Ordiz
Editorial Quadrivium. Girona, 2012
398 páginas


            Es posible que la llamada autoficción, para ir más allá de lo que habitualmente pretende ser una mera autobiografía novelada, deba servirse de la ironía para distanciarse del contenido de lo narrado. De ahí que para obtener el marchamo de ese género literario tan frecuentado en la actualidad, el autor no tenga más remedio que concebirse a sí mismo como personaje, es decir, poner todo el empeño en crearse a través de máscara interpuesta, y no limitarse tan sólo a trasladar fielmente al papel sus pasadas vivencias en el mundo real. Este distanciamiento es logrado de forma magistral por José Ángel Ordiz (San Martín del Rey Aurelio, 1955) en su última novela “Sal dulce” (Editorial Quadrivium, 2012), pues su escepticismo irónico no se limita a la invención –tan habitual en tantas “autoficciones” del momento- de un personaje que lleve su mismo nombre asociado a las propias características físicas, sino que, forzando una nueva vuelta de tuerca, su identidad se desdobla en otro que cuenta con un itinerario biográfico compartido con el autor. Sin embargo, lejos de centrarse en la personalidad dual de un Dr. Jekyll y Mr. Hyde –logro sin duda fácil de conseguir para un profesor de química como Ordiz-, la trama se abre a una variedad de personajes que irán urdiendo con hilos a menudo agridulces la diversa y compleja red que entrelaza sus vidas.  

            Ordiz compone su novela con la fórmula que suele ser habitual en el resto de su obra, en la que los aspectos formales cobran una especial importancia: la concepción del espacio –Asturias- no sólo como territorio o mero escenario de la trama, sino como un personaje más con el que debe relacionarse el resto; el tiempo enroscándose sobre sí mismo circularmente, a la manera proustiana; la continua fragmentación de la historia que, sin embargo, no impide perder la unidad del hilo narrativo; los cambios de puntos de vista, de voces que fuerzan al lector a variar su ubicación ante lo narrado; los diálogos, que parecen transcritos literalmente por el oído atento del escritor y que por sí solos hacen avanzar la trama como si se tratara de una obra dramática; la capacidad de los personajes para pegarse a la realidad de la vida, es decir, al artificio de una ficción que pueda hacer verosímil su condición de seres de carne y hueso; el humor como contrapunto necesario para que el pesimismo vital se compadezca con una especie de existencia burlesca. Es la “sal dulce” a la que alude el título, el dolor que añadimos a las heridas que nunca cicatrizan, sobre todo las causadas por los amores perdidos o contrariados o no satisfechos, pero también el alivio que a menudo nos trae el recuerdo amable de los momentos felices, aquellos que procuramos siempre alimentar en la memoria.  

De esta forma, José Ángel Ordiz  -galardonado con el Premio de la Crítica de Asturias en 2009 y 2010- ha logrado una ambiciosa novela que culmina el empeño iniciado con otras obras (“Mujer te doy” (2009), “Las luces del puerto” (2010), “En aquel tiempo” (2010)) y en la que, posiblemente con el pretexto de ajustar cuentas consigo mismo, no hace otra cosa que inventar la vida, es decir, recordar lo imaginado en un ejercicio de madurez que sólo se puede llevar a cabo después de haber vivido lo escrito y escrito lo vivido los 53 años que, según el autor, ha tardado en escribirla.  

http://www.escritoresdeasturias.es/literarias/resenas/recordar-lo-imaginado-sal-dulce-de-jose-angel-ordiz-por-marcelo-matas-de-alvaro-01082012-.html?hemeroteca=true&pag=5

(Publicado en la revista digital Literarias. 1 de agosto de 2012)

sábado, 28 de julio de 2012

El mal de las fuerzas ocultas

“La pálida luz de las tinieblas”
Serie LA ASOCIACIÓN
Erik L´Homme
Editorial Edelvives. Zaragoza, 2012.




            La Asociación es una organización cuyo objetivo es velar por la convivencia entre los seres humanos y los llamados Anómalos, es decir, los vampiros, los hombres lobo, los troles y otras criaturas sobrenaturales. Estos se rigen por un código de buena conducta, que se centra en la obligación de ser muy discretos, permanecer en la sombra y ser invisibles. Para vigilar que deben “vivir como si no existieran, al menos para la gente normal”, la Asociación cuenta con unos agentes que, con la intención de mantener su condición ultrasecreta, nunca admitirán la existencia de los seres Anómalos ni de la propia organización. Dos de estos agentes son Jasper y Ombe, jóvenes protagonistas de las dos novelas que, avaladas por el éxito de ventas en Francia, acaba de publicar en España la editorial Edelvives.

            En la primera novela de la serie (“La pálida luz de las tinieblas”), Jasper utiliza sus dotes de mago para enfrentarse a una red de vampiros narcotraficantes. En la segunda (“Los oscuros límites de la magia”), Ombe se sirve de su fuerza sobrehumana con la misión de controlar a un grupo de duendes rebeldes. Ambas obras cumplen de manera eficiente con los preceptos que –en la estela de Harry Potter- suele seguir este tipo de narraciones: acertadas dosis de fantasía mezcladas con la vida cotidiana de los protagonistas, la emoción que suscita la aventura y el misterio, la necesaria valentía para poder luchar contra el mal de las fuerzas ocultas y la importancia de la amistad, todo ello convenientemente aderezado con algunas gotas de humor.

            El proyecto de La Asociación, concebido inicialmente por los autores Eric L´Homme y Pierre Botero, preveía la salida de ocho títulos, en los que cada uno escribiría cuatro libros, pero Botero falleció en accidente cuando sólo estaban terminados los cuatro primeros títulos de la serie. Parece ser que, en homenaje a su compañero, L´Homme ha decidido continuar en solitario con el proyecto inicial, lo cual sin duda será del agrado de los jóvenes –a partir de 12 años- que buscan la continuidad de sus lecturas en una serie de historias reconocibles.


(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 28 de julio de 2012)




miércoles, 25 de julio de 2012

La realidad del azar


INVISIBLE
Paul Auster
Editorial Anagrama, 2009
282 páginas


            Es posible que “Invisible” sea la novela más austeriana de Paul Auster. El autor norteamericano –Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2006- de nuevo crea uno de esos artificios literarios a los que nos tiene tan acostumbrados, donde la metaficción y el azar se entrelazan con un lenguaje de frases precisas, funcionales en la compleja trama que se desliza bajo nuestros ojos veloces.

            Aparecen algunas de las claves que ya están en otras de sus novelas: la cuestión de la identidad de los personajes entendida como atributo pasajero –a través del tiempo- e intercambiable –a través de los otros-, movida y traspasada por los diversos azares que son la realidad misma, que la conforman (“Nada es real excepto el azar” se dice en la novela “Ciudad de cristal”) y deforman; los personajes siempre en crisis –enfermos, divorciados, huérfanos, desubicados en la vida-, que a menudo se ven obligados a enfrentarse a situaciones límite –un asesinato, una enfermedad terminal, el tabú del incesto, la ineludible necesidad de la venganza- desde un convencimiento moral, a veces ajeno a lo que exigen las más enraizadas convenciones sociales; las referencias a la realidad –las convulsiones políticas de los años 60- y a otras obras literarias –Dante, Melville, Milton…Vila-Matas-; la asombrosa capacidad de inventar una trama que agarra al lector por la solapa y no lo suelta hasta el final, donde uno llega con el corazón saliéndose por la boca con la contradictoria pulsión de querer terminar de leer y a la vez desear no acabar nunca.

            Todo esto deleitará a sus múltiples lectores, que en ello reconocerán las razones de la admiración que le profesan, pero Auster va más allá, dando una nueva vuelta de tuerca -sobre todo en la estructura que da la forma a la novela-, no para fijar más lo atornillado, sino para trasroscar la tuerca definitivamente y dejarla para siempre bailando. Precisamente “Otra vuelta de tuerca” de Henry James –autor al que no por casualidad se refiere en el texto- nos enseñó hace ya muchos años a jugar con los puntos de vista, que es el mecanismo por el que esta novela se convierte en una obra de arte. La primera parte se narra en primera persona por Adam Walker –un probable trasunto de Auster, dadas las similitudes de sus respectivas biografías-. La segunda parte también la escribe Walker, pero en segunda persona, aconsejado por el narrador-recopilador del libro que estamos leyendo, que a su vez utiliza el viejo truco –desde Cervantes, tan admirado por Auster- del manuscrito hallado, en este caso enviado por otro. La tercera parte la reescribe en tercera persona el narrador, partiendo de unos “apuntes cifrados en Morse”. Y la cuarta parte, casi a modo de estrambote, acaba con un diario de un personaje aparentemente secundario de la historia.

Esta sucesión de puntos de vista que se interponen entre el narrador y el lector contribuye a que se cuente cómo se cuenta lo que se cuenta, es decir, a continuar explorando el laberinto de la metaficción haciendo vivir al lector dentro de la propia historia, pues leer a Paul Auster es precisamente adentrarse, introducirse –desde la celebrada “Trilogía de Nueva York”- de lleno en un intrincado mundo de laberintos y espejos, de vigilancias y persecuciones, de amores y traiciones, de sexo y de violencia, de oscuridad, de mirada y misterio. Un mundo construido de palabras -¡cómo si no, tratándose de una obra literaria!-, pero de palabras pensadas, creadas y dichas para ser nuevas.


viernes, 6 de julio de 2012

William Faulkner


Hoy se cumplen 50 años desde la muerte de Willian Faulkner, autor del que siempre me han sobrecogido sus duras tramas, a veces violentas, descarnadas, reflejo de la condición esencial del hombre; el lenguaje, sus célebres frases en las cuales se sostiene, como hipnotizado, el pensamiento; su estilo, la ruptura de las estructuras convencionales del narrar, la diversidad de voces y de puntos de vista, de realidades no representadas, sino fundadas por la maestría de su escritura; la utilización del tiempo como nudo corredizo que se abre y cierra al antojo del azar o del destino; el sustrato moral que debe sustentar al hombre en su eterna condición de náufrago.
"Entre la pena y la nada elijo la pena" (De "Las palmeras salvajes")

sábado, 30 de junio de 2012

La novia de la muerte



PARQUE MUERTE
Fernando Lalana
Editorial Edebé. Barcelona, 2012
228 páginas



            Desde siempre la literatura dirigida al público infantil y juvenil se ha servido de la fascinación de los pequeños por la muerte. También, claro está, la dedicada a los adultos, pues en última instancia toda creación del hombre se nutre de ese miedo a lo desconocido y de la elucubración con lo que se encuentra al otro lado de esa frágil frontera que nos separa del más allá. Cualquiera sabe –porque todos hemos sido niños- que esa fascinación infantil por la muerte es una mezcla de atracción y repulsa, de un paradójico impulso que nos lleva a la vez a acercarnos y alejarnos de la cuestión esencial de la vida. Después de un tiempo en que –con el errado pretexto de la protección a la infancia- hubo un intento de edulcorar los cuentos clásicos con argumentos aguados y finales felices, actualmente se ha impuesto en la literatura infantil y juvenil la moda de las novelas de zombis, vampiros y otros seres espectrales, que, con desigual fortuna, han tratado de entretenernos con el misterio que se oculta tras ese lado oscuro.

            En esa línea se mueve el Premio Edebé de Literatura Infantil 2012 concedido a “Parque Muerte”, de Fernando Lalana (Zaragoza, 1958). A partir de una original idea, en la que una empresa armamentística –para lavar su imagen pública- decide reconvertir un parque de atracciones en un espacio temático dedicado a la muerte, se desarrolla una trama detectivesca que tratará de aclarar un extraño suceso que ocurre todos los días en el parque. Para ello, la empresa contrata a la detective Lola Andrade, que en el pasado prestó servicio en la Legión y que, por tanto, posee un bizarro currículo como “novia de la muerte”. Con la agilidad narrativa a la que acostumbra Fernando Lalana en su ya larga trayectoria como escritor de LIJ, la novela traza la intriga que exige el argumento mezclando el suspense con el terror y el humor. Y el amor, un amor imposible, que es la sorpresa que le espera al lector –a partir de 11 años- que se atreva a pasar un día de “diversión” entre las macabras atracciones de Parque Muerte.

(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 30 de junio de 2012)

sábado, 16 de junio de 2012

Joyce ilustrado


DUBLINÉS
Alfonso Zapico
Editorial Astiberri. Bilbao, 2011
229 páginas



            Bien es sabido que los amantes de la obra de James Joyce forman una peculiar familia     unida con los invisibles -e indisolubles- lazos de la literatura más arriesgada y libre, aquella que trata de romper con su estilo los ahormados límites del lenguaje. Se comunican entre ellos desde la clara oscuridad del monólogo interior y cuentan como acontecimiento supremo de su ritual la celebración del “Bloomsday”, en recuerdo de aquel 16 de junio de 1904 en el que Joyce echa a navegar por las calles de Dublín a Leopold Bloom, el protagonista de su gran obra “Ulises”. Si no se tiene la suerte de poder estar hoy en Dublín para conmemorar –a través de una odisea literario-turística por la ciudad- esta fecha tan señalada para todos los joyceanos, se puede festejar igualmente el día leyendo algunos pasajes del libro original o adentrándose en la vida y obra de Joyce con “Dublinés” (Ed. Astiberri, 2011) de Alfonso Zapico (Blimea, 1981).

            Esta novela gráfica puede ser una perfecta aproximación para los no iniciados, aquellos que tengan curiosidad por conocer al autor irlandés, pero también es un gozoso divertimento para los que ya se hayan leído todos sus libros –incluida la monumental biografía de Richard Ellmann- y presuman de saber más de Joyce que el propio Joyce. Alfonso Zapico no sólo se limita a poner en viñetas su biografía, sino que, siguiendo los pasos de su azarosa vida, va creando todo un mundo que para resultar verosímil es necesario leer con las lentes bifocales de la ficción. A través de unas poderosas imágenes que ilustran de forma magistral los escenarios -Dublín, Trieste, París, Zurich- y los personajes –Nora Bernacle, Pound, Yeats, Hemingway, Proust, Beckett…- del tiempo de Joyce, se va narrando la novela de la que es protagonista el autor de “Ulises”, y en la que el lector tiene el privilegio de asistir al proceso de creación de esa obra esencial de la historia de la literatura. Como seguramente le hubiera gustado al propio Joyce, Zapico nos va revelando a través de ciertos detalles particulares –gráficos o narrativos- el significado universal de la obra del autor irlandés.


La lectura de “Dublinés” se puede completar con “La ruta Joyce” (Astiberri, 2011), donde Zapico cuenta a modo de cuaderno de viaje el proceso de documentación e investigación que se vio obligado a llevar a cabo para llegar a escribir esta “biografía gráfica” sobre uno de los más grandes escritores de todos los tiempos. De esta forma el lector podrá celebrar un peculiar “Bloomsday”, en el que no recorrerá físicamente las calles que pisó Leopold Bloom tal día como hoy, sino que experimentará algo más revelador: tener el privilegio de poder transitar con la imaginación las ciudades por donde transcurrió la odisea vital de James Joyce.

(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 16 de junio de 2012)


sábado, 2 de junio de 2012

Viaje al País de las Mentiras



 EL SECRETO DEL HUEVO AZUL

Autora: Catalina González Vilar
Ilustraciones: Tomás Hijo
Editorial SM. Madrid, 2012
160 páginas

            La editorial SM ha concedido este año su prestigioso premio El Barco de Vapor a un cuento de corte tradicional, lo cual bien pudiera pensarse que se trata –en estos atribulados tiempos- de una acomodación a los valores seguros, de una apuesta fácil por un tipo de literatura que ya ha demostrado su capacidad para atraer a los jóvenes lectores. Sin embargo, esta circunstancia significa justamente lo contrario, pues en la actualidad el verdadero riesgo de los autores está en apostar por historias que nos vuelvan a contar de forma verosímil lo que siempre nos han contado.

            “El secreto del huevo azul” relata la historia de Rolav, el pequeño príncipe de Dadrev que, al incumplir el encargo de su madre para que cuide de un huevo azul, se ve en la obligación de mentir. Para salir del embrollo en que se ha metido, pide consejo a Noisuli, el mago del castillo, que le aconseja viajar al País de las Mentiras, un lugar donde los embustes que se cuentan se hacen realidad. Allí, de la mano de Rignif, el aduanero real, Rolav vivirá maravillosas aventuras, presenciará acontecimientos extraordinarios y conocerá a extraños personajes, entre ellos a la princesa Artinem, que le enseñará lo que en realidad debe hacer para reparar el daño que ha causado su mentira. De vuelta a su país, en el momento en el que tiene el valor de reconocer ante sus padres el engaño, aparece en la ventana del castillo el Ave de la Verdad, un misterioso pájaro azul “difícil de encontrar”, que con su canto extraordinario causa la admiración de todos los presentes.

            Con ecos de “Alicia en el país de las maravillas”, Catalina González Vilar nos introduce en un mundo mágico donde, utilizando con maestría los recursos de los cuentos tradicionales, van apareciendo príncipes, princesas, ogros, magos y personajes pintorescos para contar de forma sencilla lo que cuentan todos los buenos cuentos. A través del misterio de lo narrado, el lector –a partir de 8 años- es conducido con el pequeño protagonista hasta la revelación de un conocimiento que supondrá una enseñanza vital, aquella que alude a la necesidad de asumir la responsabilidad de los propios actos. La fábula se enriquece con las ilustraciones de Tomás Hijo, que a menudo se mezclan con el texto para facilitar la inmersión en el mundo imaginario que narra su autora.


(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 2 de junio de 2012)