Espacio líquido de creación y crítica literaria. Marcelo Matas de Álvaro

viernes, 6 de abril de 2012

Víctima de animación

A través de los dibujos más primitivos que podemos recordar (aquel primer monigote que torpemente trazamos en la infancia, un pájaro estilizado, un árbol solitario) se desvela uno de nuestros deseos más profundos: que el malvado sea víctima del mismo daño que pretende causar. En su desgacia se sustenta nuestra supervivencia. Sólo 20 segundos para presenciar lo que, en lo más oculto de nosotros, ya sabemos.



Daniel Allan

jueves, 5 de abril de 2012

Pilar Guerra llega a Madrid

Cartel original de la película


En 1926 José Buchs realizó la película "Pilar Guerra", interpretada en sus principales papeles por Rafael Luis Calvo, Juan de Orduña y María Antonieta Monterreal. La sinopsis de la época resumía así su argumento:
"La maestra del pueblo de Araceli, Pilar Guerra, mantiene relaciones amorosas con Luciano, el hijo del alcalde, quien no acepta los amores de los jóvenes. Para separarlos decide enviar a Luciano de viaje y consigue que a Pilar la trasladen de destino. Desesperada, la joven maestra pierde el empleo y se traslada a Madrid, donde sobrevive posando para un escultor, antiguo maestro de Luciano. Ignorante de cuanto le ha sucedió a Pilar, Luciano también se instala en la capital."
Como puede verse, el argumento de los amores contrariados no es muy original, pero lo que interesa -sobre todo técnicamente- es que en la copia que se conserva en la actualidad falta un fragmento quemado. De ahí que sea necesario imaginar cómo fueron las escenas que en su día se perdieron. Con esa intención se ha grabado el siguiente corto en el que "Pilar Guerra llega a Madrid", respetando el cine mudo y en blanco y negro del original, pero naturalmente no el paisaje madrileño de los años 20.
Irene Matas, Daniel Allan, Paula Liaño, José Villanueva, Natella Imamova

Pilar Guerra llega a Madrid

jueves, 8 de marzo de 2012

La maleta loca

Merece la pena detenerse un minuto en mirar este minicorto para descubrir extrañado cómo a menudo llevamos equipaje que no se deja arrastrar tan fácilmente hacia nuestro interior, cómo a pesar del esfuerzo que hacemos para subirlo con nosotros, constantemente se nos resiste y se mueve de sitio, se nos baja y se nos sube por las escaleras de la imaginación hasta que, sin darnos cuenta, alguien pasa corriendo y se lo lleva, dejándonos pasmados por el misterio y la volatilidad de su presencia.

Irene Matas

sábado, 3 de marzo de 2012

Vida del pequeño Dickens


LA FÁBRICA DE BETÚN
Vicente Muñoz Puelles
Editorial Anaya, Madrid, 2012


            Como suele ocurrir cuando se conmemora una fecha señalada –generalmente el nacimiento o muerte- en la vida de un famoso escritor, las editoriales aprovechan el acontecimiento para sacar nuevas ediciones de sus obras, desempolvar algunos papeles olvidados o publicar recientes ensayos o biografías al respecto. A pesar de la habitual saturación que conllevan estas efemérides, también es de celebrar que, asomando entre la maraña de lo ya manido, de vez en cuando salga a la luz alguna original propuesta. Tal es el caso de “La fábrica de betún” (Editorial Anaya, 2012), donde Vicente Muñoz Puelles -Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, 1999- consigue acercar a los jóvenes lectores la figura de Charles Dickens, que –como todo el mundo sabe- el pasado 7 de febrero cumplió sus primeros doscientos años.
            En esta novela, a John Forster -amigo y agente literario de Dickens- se le aparece el espectro del escritor cuando precisamente se encuentra enfrascado en la tarea de escribir una biografía de su amigo recientemente fallecido. Ante la estupefacción de Forster, el fantasma de Dickens no se limita a contarle los pasajes de su vida que él desconoce, sino que lo lleva de la mano –literalmente volando por el cielo- a visitar no sólo los lugares, sino el tiempo donde transcurrió su infancia. Así, Forster es testigo privilegiado del nacimiento de Charles en el seno de una familia más o menos acomodada y de algunas escenas de su infancia dorada en la ciudad de Chatham, donde aparecen sus primeras lecturas –Alí Babá, Don Quijote, Gulliver, Robison Crusoe-, las representaciones navideñas en las que demostraba su capacidad para recitar a Shakespeare y el regalo premonitorio que le hizo el director de su escuela: “El paraíso perdido”, de John Milton. En capítulos sucesivos, el lector asiste –con Forster, que va viendo la vida de Dickens como si fuera una película- a la pérdida de ese mundo feliz de la infancia, que poco a poco se va desmoronando a medida que crecen las deudas de su padre y el pequeño Charles se ve obligado primero a empeñar sus queridos libros y después a trabajar en una fábrica de betún. Las duras condiciones de ese empleo y el sórdido ambiente de la “cárcel de deudores”, donde al final han recluido a su padre hasta que pueda satisfacer las deudas que ha contraído, van llenando a Dickens de argumentos para sus futuras novelas.
Vicente Muñoz Puelles ha logrado escribir una novela plenamente dickensiana, de forma que para contarnos la vida del autor inglés toma prestado el ambiente de sus narraciones, la inconfundible atmósfera de la sociedad victoriana que es la base de la denuncia de la miseria y la injusticia en la que habitan sus desgraciados personajes, pero también nos revela el humor que se destila en tantas obras de Dickens, en este caso “encarnado” en el espectro –figura en la que aparece el biografiado-, tan característico de sus más célebres cuentos. A este homenaje también contribuyen las acertadas ilustraciones de Irene Fra, que envuelve a los pequeños lectores en la atmósfera –también espectral- de la vida del pequeño Dickens.

(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 3 de marzo de 2012)


martes, 7 de febrero de 2012

Charles Dickens


            Como muestra de pequeño, privado homenaje a Charles Dickens en el día en que se cumplen los primeros doscientos años desde su nacimiento, he hojeado algunos de los ejemplares de su obra que tengo en mi librería con la intención de releer esos famosos pasajes que a menudo gustan de permanecer en la memoria. Entre ellos el conocido inicio de “Historia de dos ciudades”, aquel que yo recordaba como “Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos…”. Pero la sorpresa me asalta cuando compruebo que las dos versiones que tengo no sólo no coinciden, sino que contradicen el sentido de lo traducido.
            En la edición de Bruguera de 1974, la traducción de Carlos Sempau dice: “Era la peor y la mejor de las épocas, era el siglo de la razón y de la locura, la época de la fe y de la incredulidad, era un período de luz y de tinieblas, la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación, lo teníamos todo ante nosotros y el horizonte se cerraba delante nuestro, se iba directamente al cielo y por el camino más corto al infierno; en resumen, aquella época era tan distinta a la nuestra que algunas de sus más respetables autoridades opinaban que sólo se debe hablar de ella en grado superlativo, ya sea para bien o para mal”. (p. 9)
            En la edición de Unidad Editorial (Colección Millenium) de 1999, la traducción de Salustiano Masó dice: “Era el mejor de los tiempos y el peor; la edad de la sabiduría y la de la tontería; la época de la fe y la época de la incredulidad; la estación de la luz y la de las tinieblas; era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación; todo se nos ofrecía como nuestro y no teníamos absolutamente nada; íbamos todos derechos al cielo, todos nos precipitábamos en el infierno. En una palabra, a tal punto era una época parecida a la actual que algunas de sus autoridades más vocingleras insistían en que, para bien o para mal, se la tratara sólo en grado superlativo”. (p. 11)
            Las cursivas son mías y tal vez indiquen, con la ironía que tan a menudo se desprende de la obra de Dickens, que ahí resida precisamente la clave que convierte a un escritor en un autor universal, en la libre interpretación –a menudo contradictoria- que en las diferentes generaciones suscita su lectura.

            ("It was the best of times, it was the worst of times, it was the season of Light, it was the season of Darkness, we had of everything before us, we had nothing before us... in short, it was a period very like the present...")

sábado, 4 de febrero de 2012

Un cuento vertical

 Casualidad
Texto de Pepe Monteserín
Ilustraciones de Pablo Amargo
Editorial: Barbara Fiore Editora
32 páginas

            “Casualidad”, con texto de Pepe Monteserín e ilustraciones de Pablo Amargo, es un cuento corto porque se lee en un suspiro y un cuento largo porque después de leído sigue habitando en uno mismo; es un cuento estrecho porque ocupa un mínimo lugar en la página y un cuento ancho porque amplía los márgenes de nuestra imaginación; es un cuento bajito al lado de los dibujos estilizados que lo acompañan y un cuento alto porque en su vuelo nos eleva sobre un paisaje de sensaciones y recuerdos; es un cuento acabado, con su planteamiento, nudo y desenlace, y un cuento interminable que enlaza con la continua maravilla de las historias sin fin; es un cuento para pequeños acostumbrados todavía a leer poco e imaginar mucho y un cuento para mayores que desean que la lectura larga comience cuando se acaba de leer el cuento; es, en definitiva, un cuento que son dos: el que se puede leer (o escuchar si nos lo cuentan) en las páginas pares y el que se puede ver en las imágenes que aparecen en las páginas impares.
            Pepe Monteserín es un autor con una trayectoria larga, ancha y alta (casi interminable en la variedad de trabajos que como escritor frecuenta), que logra condensar en este texto algunas de sus cualidades como narrador. Así, nos ofrece un cuento donde el amor, el humor y el rumor del viento tejen con su hilo poético una leve trama que vuela sobre la casualidad como disculpa de lo que nos acontece. Pablo Amargo, que goza de reconocido prestigio como diseñador gráfico, no se limita a ilustrar el texto, a aportar un mero soporte visual a lo narrado, sino que con sus sorprendentes dibujos en blanco y negro imagina o sueña un mundo diferente, un relato que a través de las páginas va recorriendo una ciudad vertical donde sus vecinos habitan un extraño paisaje de altos edificios y alargados parques, de chimeneas y embarcaderos imposibles, bajo un viento que siempre mueve a su antojo todas las veletas, cometas y molinos del mundo.
En estos atribulados tiempos en los que parece que ya está todo confabulado para la desaparición del libro de papel en beneficio del libro digital, es de celebrar la arriesgada empresa de editar un precioso volumen como éste, merecidamente galardonado con el Premio Internacional CJ Picture Book Award (Corea, 2011). Aunque tal vez los autores y la editorial no lo hayan concebido con esa intención, su diseño también puede pretender llevarle la contraria al viento que, casualmente o no, quiere llevarse volando los libros impresos lejos de la estantería, donde siempre destacará “Casualidad” –por su contenido y formato- entre el resto de los volúmenes que pervivan.
(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 4 de febrero de 2012)

sábado, 7 de enero de 2012

El fuego de la verdad

Cuentos al amor de la lumbre
Antonio R. Almodóvar. Editorial Anaya, Madrid, 2011
2 Volúmenes (292 p. y 271 p.)

            Se reeditan los celebrados “Cuentos al amor de la lumbre” que en 1983 publicó Antonio Rodríguez Almodóvar (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 1941) en dos volúmenes. No se trata de una reedición más que haya que sumar a las veintiséis anteriores, sino de una auténtica edición revisada en la que el autor amplía el contenido de la introducción y el epílogo con nuevas aportaciones que le han ido surgiendo en su continuo, incansable y apasionado estudio de los cuentos populares. A ello también ha contribuido la esmerada factura de la editorial Anaya que ha enriquecido la presentación de los dos volúmenes con renovadas ilustraciones de Pablo Auladell, Carmen Segovia y Xosé Cobas.
Sin embargo, con respecto a las ediciones anteriores, no ha habido una variación en el número de cuentos, pues, como apunta el autor en el prólogo, algún añadido habría alterado el orden y desfigurado la clasificación de los relatos. De esta forma, se sigue la inicial organización de los cuentos bajo tres grandes epígrafes: Cuentos maravillosos, que ocupan todo el primer volumen, y Cuentos de costumbres y de animales, que se reparten en el segundo volumen. La propia metodología de A.R. Almodóvar, que concibe su trabajo como una “recopilación de arquetipos”, le lleva a agrupar los diferentes textos en torno a unos rasgos comunes que les sirven como patrón de referencia. Entre los Cuentos maravillosos –entendidos por el autor como aquellos que poseen siete personajes: el héroe, el falso héroe, el agresor, el donante del objeto mágico, la víctima, el padre de la víctima y los auxiliares del héroe- se recogen textos englobados en  arquetipos como Blancaflor, El príncipe encantado, La princesa y el pastor, Los niños valientes, etc. Los Cuentos de animales desarrollan un argumento –muchas veces crítico y humorístico- enmarcado en la realidad histórica y social, careciendo, por tanto, de elementos extraordinarios. Algunos de estos textos se recopilan bajo los arquetipos de Niños en peligro, Pícaros, Pobres y ricos, Tontos, etc. En los Cuentos de animales nos encontramos aquéllos que tienen como protagonistas a animales que hablan y que presentan alguna cualidad asimilable a conductas propias del hombre: la astucia de la zorra, la presunción del león, etc. Se agrupan en torno a arquetipos como Correrías del lobo y la zorra, Andanzas y desventuras del lobo, etc.
Esta nueva edición es una excelente oportunidad para que se acerquen a una obra imprescindible todos aquellos que estén interesados por los cuentos populares españoles. Es ineludible para los amantes de la literatura –no sólo infantil o juvenil-, que encontrarán en la sobria erudición que el autor despliega en los dos volúmenes, una impagable introducción al estudio de los cuentos clásicos. Del mismo modo será placentera su lectura para aquellos adultos que quieran recordar los cuentos de su infancia y que, a su vez, deseen transmitir este rico patrimonio oral a sus hijos, quienes seguramente se sorprenderán al escuchar o leer historias que les traerán formas y ecos de cuentos que ya conocen, como Blancanieves o Cenicienta, en versiones que es necesario seguir contando de generación en generación.
Al escuchar o leer estos cuentos –ojalá pudiera ser efectivamente “al amor de la lumbre”- uno se adentra, a través del misterio de lo narrado, en el bosque que conduce a los conocimientos más profundos, aquellos que no eluden los pasajes más disparatados o truculentos para acercarnos –como bien dice Caballero Bonald en el prólogo- al “fuego de la verdad”.

(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 7 de enero de 2012)