Espacio líquido de creación y crítica literaria. Marcelo Matas de Álvaro

sábado, 19 de enero de 2013

El misterio de las mariposas



UN INTRUSO EN MI CUADERNO
David Fernández Sifres
Edelvives. Zaragoza, 2012
118 páginas


            Las mejores historias son las que nos asaltan en medio de la cotidiana realidad, aquellas que, a menudo de forma indiscreta, se nos aparecen de repente para escribir algo importante en el “cuaderno” de nuestra vida. Es lo que le ocurre a Mariano, el joven protagonista de este precioso relato que ha recibido el Premio Ala Delta de Literatura Infantil 2012.
            Un día, al volver del recreo, Mariano encuentra una mariposa dibujada en su cuaderno de clase. Su sorpresa inicial se convierte en enigma cuando ve cómo la papelera donde ha pensado tirar su mariposa está llena de hojas arrancadas de otros cuadernos, todas con mariposas dibujadas de diferentes colores. En ese momento Mariano decide dejar a un lado sus otras dos vocaciones (astronauta y futbolista) para convertirse en un detective dedicado a resolver el misterio de las mariposas. Sus dotes de observador y sus agudas deducciones le hacen ir descartando uno a uno a sus compañeros de clase hasta que sus sospechas recaen en Carlota. Al principio a Mariano no le agrada mucho ese descubrimiento, pues se trata de una compañera a la que todos consideran pija. Siempre lleva gorros o sombreros sobre la cabeza y además ha repetido curso y no se relaciona mucho con los demás. Pero a medida que la va conociendo, Mariano se va dando cuenta de que es una chica especial. Le enseña un escondite en el bosque donde, por medio de una ingeniosa argucia, se pueden ver de cerca mariposas de verdad. Así se van haciendo cada vez más amigos, hasta que un día Carlota le confiesa que siempre lleva gorros porque está enferma de la sangre. A partir de ahí la historia continúa hacia un final sorprendente y feliz.
David Fernández Sifres logra mantener la atención del lector (desde 8 años) a través de un buen ritmo narrativo y un interesante argumento que nos habla de los engaños de las apariencias, de la fuerza de la amistad, de las mariposas como metáfora de la alegría de vivir y, sobre todo, de la idea que asegura que siempre puede ocurrir aquello en lo que creemos de verdad. 


(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 19 de enero de 2013)

viernes, 4 de enero de 2013

La alegre tristeza de Rébecca Dautremer




            Es posible que el éxito de la ilustradora francesa Rébecca Dautremer (Gap, 1971) se deba a su capacidad para remitir al lector a un pasado que éste pueda reconocer al mismo tiempo como melancólico y feliz. Sus ilustraciones logran mantener esa tensión entre la inevitable nostalgia por lo perdido y el ánimo más o menos entusiasmado que suele despertar su recuerdo. De ahí la curiosa circunstancia de que el 80% de quienes le piden una dedicatoria para sus álbumes infantiles sean adultos, personas que seguramente al abrir sus libros se encuentren con emociones encontradas, aquellas que nos asaltan al cruzar la puerta de un tiempo enredado en la memoria con los hilos blancos y negros de la infancia. En las portadas de sus cuatro últimos libros publicados en España (todos en la editorial Edelvives) se pueden ver los rostros asombrados y levemente risueños de unos personajes que no miran directamente a los ojos del posible lector, sino que parecen invitarle a seguir la dirección de su mirada hacia el interior del álbum donde, si logra adentrarse con la temblorosa atracción que despierta lo desconocido –o lo esperado y temido-, descubrirá un mundo fascinante en cada página.

            Con texto de Philippe Lechermeier, Diario secreto de Pulgarcito recrea la versión del cuento de Perrault desde el punto de vista del pequeño protagonista, que va contando y dibujando –a través de las sorprendentes páginas de un diario- las dramáticas y divertidas peripecias de su vida. La conocida trama del cuento clásico se ve salpicada con ingeniosas historias dentro de la historia, chascarrillos, alocados refranes, juegos de palabras, rimas disparatadas y un santoral imaginario que encabeza cada página del diario. Al miedo a ser abandonado por sus padres –el más profundo temor que nos acecha en la infancia- se añade la vuelta de tuerca que Lechermeier y Dautremer dan al relato original con este precioso álbum en el que el sentimiento de desconsuelo se mezcla de forma natural con la festiva emoción que conlleva siempre la aventura de los niños valientes. Si la posible narración oral del cuento se ve facilitada por las rimas del texto, la imaginación de lo contado puede verse desbordada por la prodigiosa expresividad de las ilustraciones.


            En Princesas olvidadas o desconocidas repiten colaboración ambos autores para mostrarnos una original galería de princesas en las que habitualmente no reparamos. Aparte de Cenicienta, Blancanieves, la Bella Durmiente y otras bien conocidas por todos, existe una larga gama de princesas que deben merecer nuestra consideración, como la holgazana Blandina, la cotorra Farragosa, la crispada Varaseca, la pequeña Pitonisa, la desmemoriada Amnesia, la princesa de las Arenas o las siamesas Ding y Dong. Además, para entender el maravilloso mundo de las princesas es preciso conocer el lenguaje internacional del abanico, los escudos y blasones, los bosques donde se pierden, se refugian o se esconden, los palacios y residencias que habitan, los extraordinarios y secretos jardines, la comida real y, por supuesto, una guía práctica de trucos y artimañas para distinguir una princesa verdadera de una falsa o para poder despertar a las princesas dormidas. Las frases que, a modo de greguerías, encabezan la mayoría de las páginas (“Soñar es contarse historias que todavía no se conocen”, “El mago es un ladrón al que nadie aplaude”) asombran al lector tanto como las sugestivas imágenes de tantas princesas inventadas.


            Alicia en el país de las maravillas (el clásico de Lewis Carroll traducido primorosamente por Elena Gallo Krahe) es un álbum de gran formato en el que Rébecca Dautremer despliega todas sus dotes artísticas al servicio de una de las mejores historias jamás contada. Desde que en 1865 John Tenniel realizara los dibujos que acompañaron a la primera edición, han sido muchos los ilustradores que se han atrevido con el texto del reverendo Dodgson, pero pocos pueden hacernos olvidar aquellas estampas originales –pertenecientes desde entonces al imaginario de sus lectores- como las que ahora nos presenta Dautremer para esta edición. De hecho, la desenfrenada libertad de la imaginación y la transgresión mágica que representa ese mundo maravilloso y absurdo se ajusta como la horma de un zapato a la fantasía desbordante de la ilustradora francesa. Hay ilustraciones a doble página que por sí mismas encarnan ya un relato propio, una escena a partir de la cual el lector –o el observador de la lámina- puede ir con su imaginación más allá de lo que el texto cuenta.


            La joya de la corona es El pequeño teatro de Rébecca, un libro que no es sólo un álbum donde texto e ilustraciones se funden para componer un objeto atractivo para leer y mirar, sino una obra que recuerda la labor de los antiguos artesanos, aquellos que se esmeraban en realizar con mimo un trabajo que tuviera la vocación de perdurable. En este pequeño teatro se van superponiendo en cada página las escenas de la memoria pictórica de Dautremer, el mundo imaginario que ha ido creando en sus álbumes anteriores y que ahora reúne para desplegarlo ante los asombrados ojos del espectador. Los personajes parecen moverse en un espacio de tres dimensiones, un escenario donde dialogan entre ellos con los textos “aprendidos” en los libros de donde proceden.

            En la minuciosidad de los detalles, la composición narrativa de las láminas y la turbadora expresividad de sus personajes, las ilustraciones de Dautremer recuerdan a menudo el mundo fantástico de Brueghel, la maravilla de una representación extraordinaria que se adentra en las sombras blancas y negras que pueblan nuestro pasado, ese tiempo alegre y triste al que los lectores -de cualquier edad- siempre se asoman buscando la verdad del misterio.  

(Publicado en El Comercio. 4 de enero de 2013)


           

sábado, 22 de diciembre de 2012

Los espíritus de la Navidad



CANCIÓN DE NAVIDAD
CHARLES DICKENS
Editorial Anaya. Madrid, 2010
160 páginas

 

            Seguramente lo que se entiende como “el espíritu de la Navidad”, aquel que nos invita en esta época del año a mantener una actitud amable y bondadosa hacia los demás, se lo debamos a Charles Dickens y en particular a esta fábula que publicó en diciembre de 1843. Pero en su “Canción de Navidad” Dickens no habló sólo de un espíritu, sino de tres, de los tres fantasmas que se le aparecen al viejo Ebenezer Scrooge para ponerle literalmente delante de sus ojos las “sombras de las cosas” que han contribuido a que en la actualidad haya logrado poseer no sólo unos sustanciosos beneficios económicos, sino sobre todo ese carácter mezquino y huraño que todo el mundo teme. Así, El espíritu de las navidades pasadas descubre al tacaño Scrooge escenas en las que se ve al pobre niño olvidado que fue, más tarde la felicidad de ser un joven aprendiz en el despacho del amable Fezziwig y el momento en que su prometida se ve obligada a liberarle de su compromiso al darse cuenta de que Ebenezer antepone al amor su decidida querencia por el dinero. El espíritu de la Navidad presente lleva al antipático Scrooge a darse una vuelta por la ciudad, donde puede ver, emergiendo de “una oscura neblina, húmeda y glacial”, la palpitante alegría de la gente, incluso de los más pobres, como el sufrido escribiente de su despacho que, a pesar de las penurias, vive feliz rodeado de su familia. El espíritu de las navidades futuras le enseña en silencio las sombras de las terribles cosas que aún no han ocurrido, pero que sin duda sucederán cuando él haya muerto.

El final de la historia es de sobra conocido para la mayoría de nosotros, pues aunque no se haya leído este cuento de Dickens, forma parte del imaginario con el que se ha ido forjando ese espíritu navideño que, coincidiendo con el cambio de año, nos lleva a detenernos para reflexionar sobre nuestro pasado y, de ahí, la posibilidad de replantearnos nuestra vida para afrontar con mejores propósitos el tiempo venidero.

No hay mejor colofón para acabar de celebrar el “año Dickens” que leer este clásico de la literatura fantástica, lo cual, además de hacernos disfrutar de una lectura en verdad emocionante y divertida, puede ayudarnos a poner más atención en escuchar a los fantasmas que habitan nuestra conciencia.

(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 22 de diciembre de 2012)

martes, 27 de noviembre de 2012

Épica de la derrota



Raúl Castañón del Río
Dorsal 12
Editorial Alfar
Sevilla, 2012
122 páginas

Hubo un tiempo en el que absurdamente se entendía que la afición al fútbol era incompatible con una cierta vocación intelectual. Se pensaba que en una misma persona no podía caber el gusto por un juego que “secuestra” la voluntad de las masas y el individual –y exquisito— quehacer literario, olvidando de esta manera que algunos de los grandes nombres de las letras se habían servido del fútbol como argumento de sus obras. Así, recordamos a Alberti y su famosa “Oda a Platko” (1928) o a Miguel Hernández y su “Elegía al guardameta” (1931). En la actualidad, reconocidos autores como los sudamericanos Fontanarrosa, Mario Benedetti, Eduardo Galeano o Juan Villoro han escrito relatos, poemas o libros enteros con el fútbol como pretexto. De igual forma, los españoles Javier Marías y Manuel Vázquez Montalbán tenían por costumbre –hasta el fallecimiento del escritor catalán— rivalizar con sus plumas las ocasiones en que sus respectivos equipos se enfrentaban en el terreno de juego. Siguiendo la ley natural del péndulo, hay incluso quien afirma que la mejor prosa actual se puede leer en las páginas deportivas de los diarios. Ejemplo de esa “boutade” (que, como a todas, no le falta parte de razón) sería la capacidad para reflexionar sobre el fútbol “como metáfora del azar de la vida” que semanalmente muestra el periodista John Carlin.
Por esa misma línea de juego que han ido trazando estos escritores se desmarca Raúl Castañón del Río con su Dorsal 12. Esquiva las duras zancadillas con las que lectores y críticos trasnochados aún pretenden tumbar a los escritores que osan acercarse al área del deporte rey, y remata con un conjunto de relatos por la misma escuadra donde se unen los palos del fútbol y la vida.
La primera parte del libro lleva como título “Fútbol mundial” y en él se alinean, según mi experiencia como espectador por esos embarrados campos de la literatura, los relatos que mejor combinan las cualidades literarias. Destacan “El círculo socrático”, en el que la muerte prematura del futbolista brasileño Sócrates hace recordar al narrador la coincidencia del mundial del 82 con sus estudios de bachillerato, la época en la que al joven estudiante se le revela cómo el futbolista y el filósofo ateniense del mismo nombre eran los creadores de una escuela, de una forma de juego que pugnaba por “reivindicarse ante el olvido”; “Golondrina de invierno”, que utiliza de forma admirable la perspectiva privilegiada de un misterioso narrador para contar la llegada del uruguayo Jorgito Golondrina Zayas a un club a punto de ahogarse en el mayor de los fracasos; “Secuencias y consecuencias (una fábula de lo inmoral)”, donde los exiguos marcadores de los partidos –sospechosos de ser productos del marketing— hacen desertar a los verdaderos aficionados al fútbol, aquellos que prefieren “honrar la memoria de lo perdido”.
» Raúl Castañón del Río esquiva con su Dorsal 12
las duras zancadillas con que los trasnochados
aún pretenden tumbar a los escritores
que osan acercarse al área del deporte rey.
La segunda parte del libro se juega todo el tiempo en el terreno del Real Oviedo, que –como no deja de recordar Raúl Castañón a todo aficionado que lea este libro- es un campo abonado para el dolor de la derrota, pero más todavía para el orgullo de no desfallecer aun en las horas más amargas. Se titula “Directo al corazón: Real Oviedo”y en sus relatos –repartidos en los capítulos “Honra azul”, “Recreaciones” y “Ascensos y descensos”— hay lugar para los homenajes (al jugador Tensi en “Stardantensi”, a La Pixarra en “San Mateo in blue”, con versión en asturiano); para los largos viajes donde por azar se puede uno encontrar no sólo a un aficionado del Real Oviedo, sino a toda una peña oviedista de seguidores ingleses (“Arribadas de sal”, ganador del Concurso de Relatos de Torrevieja); para el amor que logra poner paz en un momento de tensión entre las dos aficiones rivales asturianas (“Beso original”); para la desolación cuando la derrota lleva al equipo hacia el destierro de las categorías inferiores (“75 años y un día”); para la indignación por las traiciones sufridas en los peores momentos de la historia del club azul (“Ser capaz de no olvidarlo”); y, por supuesto, también para la alegría, para el entusiasmo desbordado el día en que los “angloviedistas” de la Abbey Tavern ayudaron a “derribar” a goles las murallas de Ávila (“De nuevo a la Luna”, con versión en inglés).
Raúl Castañón nos presenta un conjunto de relatos que podrán leer con satisfacción los meros aficionados de los domingos por la tarde, pero que disfrutarán en especial aquellos apasionados por el Real Oviedo que hayan tenido ocasión de haber vivido la agridulce épica de la derrota.

http://www.escritoresdeasturias.es/literarias/resenas/epica-de-la-derrota-dorsal-12-de-raul-castanon-del-rio-por-marcelo-matas-de-alvaro-27112012-.html?hemeroteca=true&pag=4
(Pubicado en a revista digital Literarias. 27 de noviembre de 2012)

viernes, 9 de noviembre de 2012

The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore


Un precioso homenaje a los libros, a esos extraños objetos que, a través de las alas desplagadas de sus páginas, nos transportan a los mundos perdidos de la fantasía. 


The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore

 
 
 
 


sábado, 27 de octubre de 2012

Palabras de seda



LENGUA DE GATO
José A. Ramírez Lozano
Editorial Edelvives. Zaragoza, 2012
102 páginas


            Esta historia bien podría haberla contado Sheherezade al sultán Shahriar en una de las mil y una noches que pasó inventando cuentos para salvar su vida. Como aquellas narraciones, contiene algunos elementos que pueden convertirla en una prodigiosa manera de esquivar la muerte. Con una estructura en la que se van entrelazando episodios de amor, de tragedia, de sabiduría, de poder y de misterio, esta “Lengua de gato” nos traslada en una especie de alfombra mágica a una Estambul intemporal para contarnos algunas de aquellas maravillosas historias que siempre imaginamos que, de forma natural, suceden en el Oriente. Así, no sorprende acudir a la peculiar sabiduría de un gato que trama fábulas con los hilachos de sombras que se enredan en sus uñas; ni a la habilidad de la hermosa Eminé –también nacida del telar- para tejer con palabras de seda extraordinarias alfombras de silencio; ni al lenguaje vacío de las carpas de Yerebatán que, recluidas en la oscuridad de las cisternas, temen a las preguntas porque se asemejan al anzuelo de la muerte; ni al insólito oficio de Turión, el pescador de sombras, que con su negra red captura peces ciegos en las penumbras del mar de la noche; ni a la misteriosa desaparición del sultán en la extraña alfombra tejida por la bella Eminé con los hilos de la oscuridad y el silencio. 

            Al encantamiento que produce esta preciosa historia de José A. Ramírez Lozano –galardonada con todo merecimiento con el Premio Lazarillo 2011 de Creación Literaria- contribuye un lenguaje que también está tejido con los hilos sedosos de las palabras precisas y hermosas, las únicas que son capaces de aventurar la profunda sabiduría de las fábulas. A semejanza del sultán de las mil y una noches, el lector actual –de cualquier edad- querrá que no amanezca o que no se acabe el libro para seguir escuchando la maravillosa voz que vaya postergando la posibilidad de la muerte.

 (Publicado en Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 27 de octubre de 2012)

sábado, 29 de septiembre de 2012

La rana debajo del agua



EL PAPÁ QUE NO SABÍA CONTAR CUENTOS
Pepe Monteserín
Editorial Pintar-Pintar. Oviedo, 2012
32 páginas


            He aquí un cuento que deberían aprenderse de memoria todos los papás que no saben contar cuentos. Vale también para las mamás, abuelos, vecinos, maestros y demás personal que se vea obligado a enfrentarse a tan arriesgada tarea. Contar cuentos parece ser -antes que una habilidad que se pueda aprender sin más- un don, una especie de gracia con la que uno nace, similar al regalo que le hace la naturaleza a cierta gente que cuenta con el difícil arte de saber freír –sin que se le queme- un huevo frito. Así, el papá –el adulto acongojado ante el peligro que debe afrontar cada noche- que no “cuente” con esta dádiva de los dioses, sólo tiene que contarle –leído o aprendido de memoria- a sus pequeños destinatarios este bonito cuento de Pepe Monteserín.

Eso sí, no debe cambiar ni una coma, pues es bien sabido la querencia de los pequeños por las narraciones previsibles, aquellas en las que puedan anticipar no sólo el argumento o el final de la historia, sino la más mínima palabra, expresión o gesto que venga a continuación. Y no se trata de un mero capricho de los niños por las historias contadas una y otra vez de la misma manera, sino de una necesidad vital, pues ya se sabe que en el reconocimiento de lo ya sucedido se va conformando su frágil memoria, lo que de paso les proporciona también la seguridad de poder habitar un mundo estable. En eso precisamente falla el papá del cuento, en no saber hilar la forma indispensable y exacta –Érase una vez…, colorín, colorado…- que entronca con la vieja tradición de los cuentos infantiles. Pero el autor sí lo sabe, de manera que Pepe Monteserín logra mantener la atención de los pequeños no sólo con la introducción de las fórmulas conocidas, sino también a través de la repetición de expresiones o ideas que contribuyen además a crear el ritmo necesario para que poco a poco ese arrullo vaya meciendo a los niños hasta la profundidad de sus sueños. Un cierto lirismo -contenido y doméstico-, pautado con divertidas imágenes en las que de repente podemos asemejarnos a sardinas en lata o a cucharillas acostadas, enseña a los papás que para saber contar cuentos deben abandonar su posición habitual, aquella que recuerda cómo “duermen los puentes colgantes”, para lograr que cada noche en la imaginación de los niños vuelva a sentarse la rana debajo del agua.

La narración oral a la que se presta el texto se debe completar con la visión de las singulares ilustraciones de Miguel Tanco, que iluminan de color esta preciosa edición, marca de la casa de la editorial asturiana Pintar-Pintar.


(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 29 de septiembre de 2012)