Espacio líquido de creación y crítica literaria. Marcelo Matas de Álvaro

sábado, 31 de mayo de 2025

Manos de colores

 



            Las manos tocan y cogen las cosas del mundo, moldean el barro cuando se juntan el agua y la arena del desierto, acarician y consuelan con su tacto cálido, estrechan las manos que nos ofrecen la paz. También -¡ay!- se cierran para golpear el rostro del otro, pero ésas no son manos, sino puños.

            En las bibliotecas Bubisher, los niños y niñas se pintan las manos para sentir la magia de la pintura en la piel, la transformación del propio color natural en los vivos colores con los que plasmar sobre el papel todo lo que pueda crear su imaginación. Unas manos de colores que se convierten en una mariposa que echa a volar con sus alas rojas y azules, en un gallo orgulloso de su cabeza y su cola y sus patas rojas, en un árbol con sus ramas verdes creciendo hacia el cielo, en una divertida mano donde cinco señores nos sonríen con sus sombreros de colores. Quizá cada una de esas pinturas han surgido después de leer un cuento. También puede ocurrir que a partir de esas láminas pintadas podamos inventar una historia en la que una mariposa trae desde tierras lejanas la noticia que todos están esperando. La noticia que la mariposa le cuenta al gallo. El gallo que se sube al árbol para cantar a los cuatro vientos que cinco hombres muy importantes del mundo han acordado que el pueblo saharaui ha recuperado por fin la libertad.

En las bibliotecas Bubisher, los niños y niñas se pintan las manos para crear una realidad distinta.

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en mayo de 2025)

miércoles, 30 de abril de 2025

La princesa Luna y el príncipe Sol

 



Se dice que el libro es un utensilio con un diseño perfecto, un invento -como las tijeras o la rueda o la cuchara- que ya era inmejorable desde el mismo momento en el que se creó. Pueden darse modificaciones meramente formales -tamaño, grosor, motivos de la portada, colores, tipografías, etc.- que para nada alteran la esencia del producto, ese “Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen”, según el diccionario de la RAE. Sin embargo, a esta definición académica, que acota con tan aséptica precisión el objeto, le falta el vuelo que al libro le imprimen las palabras que contiene, ese íntimo sentido -o sinsentido, según- que a cada lector le suscita el texto escrito en sus hojas: la conmovedora revelación de la poesía, la imaginación por donde, surcando infinitos mares, navegan las historias de siempre jamás, la sorpresa con la que aún nos inquietan y alivian los cuentos clásicos, la invitación a pensar de nuevo todas las cosas tantas veces dichas y escritas, la alegría y la tristeza y el miedo que continuamente nos despiertan todos los cuentos del mundo. Por eso, como dice el filósofo Emilio Lledó, “los libros nos dan más, y nos dan otra cosa”, sin olvidar nunca que “los libros nos leen también porque sus palabras son miradas que se reflejan en el cristal, aún limpio, de nuestros primeros pasos en el conocimiento”.

En las bibliotecas Bubisher, al mismo tiempo que una niña lee el cuento de La princesa Luna y el príncipe Sol, surge la magia de la imaginación. A su izquierda, la mismísima princesa Luna ilumina con sus ojos inmensos la rotunda noche del desierto, y a su derecha, el príncipe Sol despliega su risueña mirada, feliz por la luz y la voz de la niña que está leyendo el cuento.

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en abril de 2025)

lunes, 31 de marzo de 2025

Escribir en la arena

 



En la arena se escribe lo que creemos efímero, aquello que en un impulso garabateamos con un dedo, un palo o la punta de nuestro calzado. Sabemos que llegará la ola o el viento -tal vez otro dedo, otro palo, otro calzado- y lo borrará para siempre. Pero en la misma fugacidad de lo escrito está su permanencia. Esa palabra que dice mi nombre -o el tuyo-, el silencioso grito de auxilio -o de alegría-, ese palpitar de corazones cruzados por una flecha de amor -o de olvido-. Todo se desvanece como se nos van las horas y los días, pero también permanece la huella de ese momento en la memoria.

Las niñas de los campamentos saharauis escriben y dibujan y pintan sobre hojas de papel que, al asentarse en el suelo, dejarán también su marca grabada en la piel del desierto. En las hojas blancas lo escrito toma la forma de lo que queremos que permanezca para verlo más tarde. Para enseñarlo a otros niños y niñas, para leerlo en las bibliotecas de Bubisher o en la larga noche de las jaimas. Lo leído, como lo escrito en la arena, se lo llevará también una ola o el viento. Tal vez también las hojas de papel vuelen hacia otros mares, otros desiertos. Pero la escritura, la gozosa experiencia del mismo acto de escribir, permanecerá más allá del mero significado de las palabras.

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en marzo de 2025)



viernes, 28 de febrero de 2025

Amor

 



            Amor es una palabra tan pequeña que sólo tiene cuatro letras. Apenas dos sílabas. Una de ellas es sólo una letra. La otra tres. Con la primera se nos abre la boca de asombro, porque siempre es sorprendente. El amor nos asalta por la espalda como una palmada con la mano ancha. Un sobresalto que en los más afortunados consigue alzar ese misterioso revuelo de mariposas en el estómago. La segunda sílaba es de cierre. Un triple sonido que se armoniza hacia el silencio. Tres letras que te hacen cerrar los labios. La boca redondeada que ya contiene el beso que dará. Y al final de la palabra, la vibración de la lengua resuena en el paladar como un renovado recuerdo.

            Pero ese Amor de palabra pequeña se hace grande cuando ya no se nombra. Cuando ya se ha desvanecido, como un breve soplo, al salir de tu boca. Es el Amor que permanece en el dolor del Amor perdido. También el Amor que resiste ante el Amor nunca encontrado. El Amor en ausencia del Amor. El Amor del que espera y del que desespera. El Amor que se alimenta de las historias de Amor que cuentan otros. Como las que se cuentan en los libros. En forma de novela, de cuento, de canto o de poesía, tanto da. Así, en la lectura podemos saber cómo es El amor en los tiempos del cólera, o el Primer amor, o cómo son Los amores difíciles, o descubrimos el Libro de Buen Amor, o nos preguntamos De qué hablamos cuando hablamos de amor, o nos alegramos de que haya Veinte poemas de amor y sólo una canción desesperada.

            Pero, en realidad, todos los buenos libros hablan de Amor, aunque la palabra y el sentimiento que evoca estén ausentes en sus páginas. Es el Amor que el lector -nunca obligado, claro está- recibe de la propia lectura del texto. También de su tacto, de su olor, de los colores de la portada se enamora el niño, el joven o el adulto que acoge un libro entre sus manos. Como estas niñas que en las bibliotecas de Bubisher nos muestran, junto al cuento que leen, su amplia sonrisa enamorada.

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en febrero de 2025)

 

viernes, 31 de enero de 2025

Leer juntos

 



               ¿Hay cosas que pueden estar a la vez arriba y abajo, dentro y fuera, lejos y cerca, juntas y separadas? Veamos. Para ver los planetas y los satélites y las estrellas no hace falta mirar sólo arriba, al cielo infinito donde, aunque no los veamos, siempre están presentes. También podemos verlos abajo, entre nuestras manos que sujetan las páginas de un libro. Están en las fotografías o dibujos que ilustran los textos que tantas cosas nos cuentan: nombres, trayectorias, tamaños, formas, colores, incluso aventuras imaginadas, el sueño de alcanzar aquello que está más allá de la vista. Deseamos ver lo más lejano, pero también lo que tenemos más cerca, por ejemplo, todo aquello que guardamos dentro de nosotros mismos. Las partes de nuestro cuerpo que nos son invisibles, podemos igualmente verlas fuera, entre nuestras manos que sujetan las páginas de un libro. Y al lado de sus dibujos leer sus nombres, su anatomía, sus funciones, incluso los cuidados que necesita cada órgano para mantenernos sanos. Así, lo que está arriba puede estar abajo y lo que está dentro puede estar también fuera. Al alcance de nuestras manos, que pueden sujetar las páginas donde se cuentan historias que leemos con nuestros ojos, aquí cerca, pero que pueden llevarnos lejos, a ese territorio imaginado donde siempre se cumplen los sueños.

               Y lo mejor de todo es que podemos estar a la vez juntos y separados. Cada uno lee y mira por separado el libro que tiene entre las manos. Cada uno por separado encuentra el íntimo placer de la lectura y deja volar por sí solo su imaginación, pero leyendo juntos en los patios de las bibliotecas Bubisher compartimos dibujos, textos, historias, nuevos mundos. Nos convertimos en cómplices, compañeros en la aventura de descubrir todo aquello que se encierra en los libros.

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en enero de 2025)

martes, 31 de diciembre de 2024

Soledad

 



               Entre la soledad deseada -esa que solemos buscar para huir del mundanal ruido, imprescindible cobijo para la reflexión sosegada, la creación artística o literaria, la investigación científica, el estudio o la necesidad de encontrarse con uno mismo- y la soledad impuesta -a la que nos obligan las circunstancias, muchas veces agravadas por la edad o cualquier otra condición vital-, nos asalta la soledad intrínseca del hombre en la tierra. De ahí que pueda decirse que, de alguna manera, siempre estamos solos: ante los demás y también -valga la paradoja- ante nosotros mismos, ante el incomprensible misterio de la vida y la muerte.

               Sin embargo, la cualidad de esta soledad está siempre en la mirada del otro: en la atención -generosa o interesada, tanto da- que alguien nos presta, en su odio o desprecio que -tal vez sin pretenderlo- al menos nos hace visible, en su ausencia que -en su deliberada indiferencia- nos hunde en una profunda sensación de abandono. Ocurre con las personas y con los pueblos. Pueblos que ansían la soledad como espacio necesario para construir, sin la repulsiva injerencia de otros pueblos, su propia identidad. Pueblos que, al mismo tiempo, huyen de la soledad obligada, aquella que imponen otros pueblos para escarnio ajeno y beneficio propio. Pueblos que día tras día -durante años y lustros y decenios- sufren la ausencia de la mirada del otro, la deliberada indiferencia del resto de los pueblos del mundo. Ese es el grado supremo de la soledad, aquel que sume a los pueblos en el abandono, en el desamparo, en el olvido decretado por los ojos que han decidido no ver.

Por eso, la inmensa soledad -producto del abandono, el desamparo y el olvido- que habita en el desierto requiere de nuestra mirada atenta -generosa o interesada, tanto da- para hacerla visible, pero también nosotros -los que habitamos en la distancia de esa arena infinita- necesitamos del brillo de vuestra mirada -dolorosa o risueña, tanto da- para conllevar la soledad intrínseca del hombre en la tierra. 

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en diciembre de 2024)

sábado, 30 de noviembre de 2024

Juego de palabras

 



               Compartir, jugar juntos, sonreír. Aprender divirtiéndonos o divertirnos mientras aprendemos. Esas son algunas de las pocas verdades que nos interesan. Jugar con las palabras, con ese aire que sale por la boca para flotar en el aire que compartimos. Las mismas palabras que al aire se lanzan duras como piedras, frágiles como pompas de jabón o esperanzadas como un amanecer en el desierto, ahora están escritas sobre el papel. Las mismas palabras que en el aire tienen peso y forma y tamaño y música, ahora se descomponen en letras de colores. La letra con sangre no entra. No entra con el rojo de la sangre, sino con el arcoíris de la sonrisa de los niños. La letra entra con el verde de la imaginación, el azul de la inteligencia, el amarillo de la voluntad y el rojo de los corazones encendidos. Al jugar con las palabras y pintar de colores sus letras hacemos más profundo el aire donde flotan sus significados. Las devolvemos al aire para que, liberadas del corto aleteo de lo ya sabido, vuelen hacia el infinito subidas a las ligeras alas de la Vanesa de los cardos. La mariposa del desierto donde también se suben los gestos y miradas y pausas y sonrisas y llantos y silencios de nuestros juegos.

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en noviembre de 2024)