Espacio líquido de creación y crítica literaria. Marcelo Matas de Álvaro

domingo, 31 de agosto de 2025

Adiós a la biblioteca

 


 

               Cuando me echaron de mi casa y de mi tierra, no me quedó más remedio que deshacerme de mi biblioteca. Muy modesta, eso sí, apenas medio centenar de libros, pero aun así demasiado voluminosa para poderla llevar conmigo a un lugar desconocido. A este campamento de Tinduf donde, después de casi cincuenta años, todavía vivo con el dolor del exilio y la esperanza -nunca perdida- del regreso. Recuerdo que tuve que vender los libros al peso, sin tener en cuenta la importancia del autor o de la misma obra. Mucho menos la presunta satisfacción que me había ocasionado su lectura. Así, me vi obligado a vender libros a los que tenía mucho aprecio, pero que no eran muy voluminosos, por menos cantidad que algunos de más peso que no me habían dejado ninguna huella. Algunos llamados de bolsillo, muy manoseados por el gusto de leerlos una y otra vez, casi los tuve que regalar. Otros de tamaño enciclopédico, bien encuadernados en tapa dura, me reportaron un dinero -no muy cuantioso, bien es cierto-, pero desproporcionado con el escaso cariño que los tenía. Una cosa compensaba la otra, aunque malamente se puede subsanar tanta pérdida.

               Sólo hubo un libro que me resistí a vender. Lo amontoné con los demás para su liquidación a precio de saldo, pero le introduje entre sus páginas una lámina de plomo para que pesara más en la balanza con la que ponía el precio a los libros. De esta manera, los “clientes” que se acercaban a mi casa siempre preferían otro ejemplar que pesara menos, incluso algunos de los que yo tenía por “enciclopédicos”. Como había previsto, aquel libro nunca lo vendí, de forma que me ha acompañado durante todos estos largos años de exilio.

               Ahora pienso que, si un día nos viéramos obligados a vender al peso todos los libros de las bibliotecas Bubisher, cada uno de nosotros tendríamos un libro preferido que de ninguna manera quisiéramos vender. ¿Cuál sería ese libro? ¿A qué libro introducirías tú una lámina de plomo entre sus páginas?

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en agosto de 2025)

jueves, 31 de julio de 2025

Los cuentos de las mil y una noches... más uno

 



            Saqué el libro de la biblioteca de Smara y fui leyendo, siguiendo el mismo ritmo nocturno en el que los contaba Shahrasad, todos los cuentos de las “Mil y una noches”. Sí, durante mucho tiempo he disfrutado de ese mágico libro en el que Shahrasad, para evitar ser ejecutada a la mañana siguiente por su esposo el sultán Shahrayar, tiene la astucia de contarle cada noche un cuento diferente. Atrapada por todas las historias que salen en el libro, pero más emocionada aún por la intriga de saber si Shahrasad conseguía salvar su vida una noche más, me he divertido, he pasado miedo, me he entristecido, me he enfadado, me he alegrado, en fin, todo lo que puede ocurrir cuando lees un libro extraordinario. Las historias de Aladino y la lámpara maravillosa, Alí Babá y los cuarenta ladrones, Los siete viajes de Simbad el Marino y tantas otras me han tenido en vilo noche tras noche, siempre con la inquietud de saber si al amanecer se cumplía la amenaza del sultán.

            Así llegué al final del libro, a la última noche en la que el sultán decide perdonar la vida de Shahrasad. Me he sentido muy feliz por ello, pero siento que me falta un cuento, el cuento que a todos nos falta después de leer todos los libros del mundo. Un relato que también esté lleno de magia, de aventuras y personajes inolvidables. Será la historia de mi vida, la que tendré que ir escribiendo a la vez que la vivo, la imagino y la invento.

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en julio de 2025)

lunes, 30 de junio de 2025

Momentos mágicos

 



            Toda imagen es un segundo congelado en el tiempo. Creemos saber lo que pasa en ese instante, vemos la luz y las sombras, los rostros y los gestos, los colores que dan vida a la vida de las niñas en un patio de las bibliotecas Bublisher. Asistimos -con la misma clandestinidad con la que ha tomado la imagen el ojo de la cámara- a ese momento en el que parece que una niña lee en voz alta y otras copian sobre una mesa redonda y blanca, aunque quizá no es así, y lo que pasa es que esa niña lee para ella misma y las otras escriben historias que inventan, o cualquier otra cosa que se nos ocurra. Sea como fuere, tanto da. Lo que importa es que están concentradas en hacer algo juntas, compartiendo ese feliz momento en el que leer y escribir forma parte de una actividad única.

            Lo que nunca sabremos es lo que ha pasado antes y lo que pasará después de esta foto que nos enseña un momento a la vez cotidiano y mágico. Pero podemos imaginarlo con las mismas palabras con las que esas niñas están aprendiendo a leer y escribir. Podemos contar lo que ocurrió antes como contamos una y otra vez el cuento de nunca acabar. Y debemos contar lo que sucederá después imaginando que la futura vida de estas niñas se va a convertir sin duda en una sucesión de momentos mágicos.

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en junio 2025)

viernes, 6 de junio de 2025

Todo viaje es un regreso

 


Ningún ocaso demasiado intenso

José Luis Díaz Caballero

Velasco Ediciones, 2024

             


            “Un hombre de mediana edad viaja a Noruega buscando el final de una novela. Y dice estar deprimido”. En este fragmento resume el propio narrador el contenido de la obra. Al buscar el final de una novela no persigue más que indagar en la propia novela de su vida, de manera que el viaje a Noruega -tras la estela del escritor Karl Ove Knausgård, quien parece ser su modelo literario- no es más que un subterfugio para alcanzar ese lugar propicio para el autoconocimiento. A ello contribuye el encuentro con una naturaleza que, en su rotundidad, conforma el espacio - físico, pero sobre todo mental- donde se acoplan la soledad y el silencio necesarios para que se despierte esa anhelada -también temida- voz interior. Una naturaleza tan extrema que puede lograr, en una suerte de emoción mística, que en una aurora boreal se le haga visible la misma imagen de Dios. La depresión a la que alude el fragmento señalado es la consecuencia de una pérdida, del abandono de su mujer, cuyo recuerdo en las tierras nórdicas se revela a menudo como ficción, como una elaboración de los propios fantasmas que le han llevado al fracaso.

La magnífica novela Ningún ocaso demasiado intenso (Velasco Ediciones), de José Luis Díaz Caballero (Madrid, 1979), no sólo es una excelente prueba de esa correspondencia entre viaje exterior e interior, sino que, al adentrarse en ciertas inquietudes que desvelan al narrador, se plantean interesantes reflexiones sobre el oficio de la literatura: la tan traída y llevada autoficción, que, tomando como referente al autor noruego Karl Ove Knausgård, materializa la “reinvención de la tragedia a través de la novela y la memoria”; la admiración o la emulación, como formas diferentes de inclinarse hacia la autoridad de un escritor; la ficción literaria como “el reflejo más fiel de nuestras verdades”; la querencia por la tragedia, aunque su plasmación la aleje de la realidad que nos rodea; los hechos cotidianos vistos como el espacio sencillo donde se halla lo universal; el escritor cobarde que, “en un uso pésimo de la literatura”, recurre en la ficción a sujetos desconocidos.

            No es necesario catalogar este volumen como un libro de viajes, aunque el narrador nos guíe por algunas ciudades de Noruega; tampoco como una novela de autoficción, pues tanto da si lo que nos cuenta es la trasposición más o menos literal de un viaje -exterior e interior- real o si es todo producto de la imaginación del autor; tampoco si es un ensayo novelado o una novela de ideas, a pesar de todas las reflexiones que suscita el texto. Lo que importa es que se trata de una novela de alta calidad literaria, escrita con una prosa elegante y sobria, poética en la ajustada precisión de las palabras. Por ello hay que celebrar que una editorial asturiana como Velasco Ediciones haya tenido el buen criterio literario de publicarla.


(Reseña publicada en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés el 6 de junio de 2025)

sábado, 31 de mayo de 2025

Manos de colores

 



            Las manos tocan y cogen las cosas del mundo, moldean el barro cuando se juntan el agua y la arena del desierto, acarician y consuelan con su tacto cálido, estrechan las manos que nos ofrecen la paz. También -¡ay!- se cierran para golpear el rostro del otro, pero ésas no son manos, sino puños.

            En las bibliotecas Bubisher, los niños y niñas se pintan las manos para sentir la magia de la pintura en la piel, la transformación del propio color natural en los vivos colores con los que plasmar sobre el papel todo lo que pueda crear su imaginación. Unas manos de colores que se convierten en una mariposa que echa a volar con sus alas rojas y azules, en un gallo orgulloso de su cabeza y su cola y sus patas rojas, en un árbol con sus ramas verdes creciendo hacia el cielo, en una divertida mano donde cinco señores nos sonríen con sus sombreros de colores. Quizá cada una de esas pinturas han surgido después de leer un cuento. También puede ocurrir que a partir de esas láminas pintadas podamos inventar una historia en la que una mariposa trae desde tierras lejanas la noticia que todos están esperando. La noticia que la mariposa le cuenta al gallo. El gallo que se sube al árbol para cantar a los cuatro vientos que cinco hombres muy importantes del mundo han acordado que el pueblo saharaui ha recuperado por fin la libertad.

En las bibliotecas Bubisher, los niños y niñas se pintan las manos para crear una realidad distinta.

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en mayo de 2025)

miércoles, 30 de abril de 2025

La princesa Luna y el príncipe Sol

 



Se dice que el libro es un utensilio con un diseño perfecto, un invento -como las tijeras o la rueda o la cuchara- que ya era inmejorable desde el mismo momento en el que se creó. Pueden darse modificaciones meramente formales -tamaño, grosor, motivos de la portada, colores, tipografías, etc.- que para nada alteran la esencia del producto, ese “Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen”, según el diccionario de la RAE. Sin embargo, a esta definición académica, que acota con tan aséptica precisión el objeto, le falta el vuelo que al libro le imprimen las palabras que contiene, ese íntimo sentido -o sinsentido, según- que a cada lector le suscita el texto escrito en sus hojas: la conmovedora revelación de la poesía, la imaginación por donde, surcando infinitos mares, navegan las historias de siempre jamás, la sorpresa con la que aún nos inquietan y alivian los cuentos clásicos, la invitación a pensar de nuevo todas las cosas tantas veces dichas y escritas, la alegría y la tristeza y el miedo que continuamente nos despiertan todos los cuentos del mundo. Por eso, como dice el filósofo Emilio Lledó, “los libros nos dan más, y nos dan otra cosa”, sin olvidar nunca que “los libros nos leen también porque sus palabras son miradas que se reflejan en el cristal, aún limpio, de nuestros primeros pasos en el conocimiento”.

En las bibliotecas Bubisher, al mismo tiempo que una niña lee el cuento de La princesa Luna y el príncipe Sol, surge la magia de la imaginación. A su izquierda, la mismísima princesa Luna ilumina con sus ojos inmensos la rotunda noche del desierto, y a su derecha, el príncipe Sol despliega su risueña mirada, feliz por la luz y la voz de la niña que está leyendo el cuento.

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en abril de 2025)

lunes, 31 de marzo de 2025

Escribir en la arena

 



En la arena se escribe lo que creemos efímero, aquello que en un impulso garabateamos con un dedo, un palo o la punta de nuestro calzado. Sabemos que llegará la ola o el viento -tal vez otro dedo, otro palo, otro calzado- y lo borrará para siempre. Pero en la misma fugacidad de lo escrito está su permanencia. Esa palabra que dice mi nombre -o el tuyo-, el silencioso grito de auxilio -o de alegría-, ese palpitar de corazones cruzados por una flecha de amor -o de olvido-. Todo se desvanece como se nos van las horas y los días, pero también permanece la huella de ese momento en la memoria.

Las niñas de los campamentos saharauis escriben y dibujan y pintan sobre hojas de papel que, al asentarse en el suelo, dejarán también su marca grabada en la piel del desierto. En las hojas blancas lo escrito toma la forma de lo que queremos que permanezca para verlo más tarde. Para enseñarlo a otros niños y niñas, para leerlo en las bibliotecas de Bubisher o en la larga noche de las jaimas. Lo leído, como lo escrito en la arena, se lo llevará también una ola o el viento. Tal vez también las hojas de papel vuelen hacia otros mares, otros desiertos. Pero la escritura, la gozosa experiencia del mismo acto de escribir, permanecerá más allá del mero significado de las palabras.

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en marzo de 2025)