Las letras bailan por el aire cuando
salen de nuestras bocas. Por separado flotan como un soplo que a veces quiere
decir algo: sorpresa, auxilio, dolor, miedo o risa. Así, la fuerza y el tono
del sonido se transforma en voz para expresar más de lo que por sí sola quiera
decir la letra que flota. Pero cuando se juntan se convierten en palabras que
significan cosas. Los sonidos se articulan de manera que, al juntarse, dicen al
aire lo que hemos querido decir al soltarlo por la boca. A veces, incluso dicen
más -o menos- de lo que nos propusimos decir. Y quien escucha los sonidos
articulados que forman las palabras a veces también entienden más o menos de lo
que quisimos decir. Es la magia del habla.
La misma magia de la lectura que
esta niña va descubriendo en las bibliotecas Bubisher. Por el encerado bailan
desordenadas las letras. Cada una está esperando que la niña elija la que
corresponde para formar la palabra que desea escribir. Como la palabra LECHE,
que encierra la sorpresa de tener cinco letras para cuatro sonidos. Dos
grafemas representan un fonema, dirían las maestras. Pura magia. Pero lo
verdaderamente mágico es que al leer la palabra LECHE se te llena la boca de
leche, de ese primer alimento cálido y dulce que, aunque se te haya olvidado,
siempre recuerdas; de ese líquido blanco que, como un milagro, todos los días
nos dan las cabras del Sáhara.
(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher de febrero de 2025)

No hay comentarios:
Publicar un comentario