Espacio líquido de creación y crítica literaria. Marcelo Matas de Álvaro

miércoles, 31 de diciembre de 2025

El mar dijo ¡basta!

 



            Cuando decimos NO, afirmamos más que negamos. Contra lo que ocurre en el mundo o lo que alguien nos propone o las leyes injustas que a diario nos vemos obligados a cumplir, nos afirmamos cuando decimos NO. Nos afirmamos a nosotros mismos y, de paso, proclamamos, ante el mundo, la persona o la sociedad en cuestión, nuestro derecho a negarnos, a no aceptar aquello que no nos gusta.

            Cuando un niño pequeño dice NO por primera vez, empieza a crecer como persona, a deshacerse del pasajero cordón umbilical para iniciar su andadura en la sociedad a la que pertenece. Aunque parezca paradójico, con el NO se desvincula de lo que propone o manda el otro para vincularse a un entorno social constituido, precisamente, por la negación, la crítica y el disenso.

Decir BASTA es una forma de decir NO. Pero expresiones como “Ya está bien, hasta aquí hemos llegado, así no podemos seguir”, etc., declaran, además de la negación, el hartazgo ante una situación que consideramos insostenible. Nosotros decimos BASTA a muchas cosas, por ejemplo, al reiterado incumplimiento del derecho de los pueblos a decidir su futuro en paz y en libertad. Y también la naturaleza dice BASTA porque está harta de cómo la tratamos los humanos, estúpidos al no querernos enterar de que el daño que le causamos nos lo estamos haciendo a nosotros mismos. Esta niña saharaui ha leído en las bibliotecas Bubisher el cuento de Agustín Comotto en el que el mar dice basta. Junto a la maqueta que le ha inspirado la lectura del cuento, ella utiliza toda la fuerza de su sonrisa para decirnos que está harta de decir BASTA.

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en diciembre de 2025)

martes, 23 de diciembre de 2025

Cuento de Navidad 2025

 

        El mendigo de mi barrio no quiere ir a dormir al albergue municipal. A pesar del frío, prefiere pasar la noche cobijado en la entrada de la librería que cerró este año. Dice que en el albergue no pega ojo porque la gente ronca y sueña en alto. Además, allí hay un horario que todos deben cumplir, mientras en la calle sólo se guía por la propia voluntad de hacer lo que se le antoja en cada instante. Me cuenta esto todos los días en los que, al pararme con él para darle una moneda, me pongo pesado con que se vaya a pasar la noche al albergue. Hoy, sin embargo, me dice que no va a dormir solo y me pregunta si tengo por ahí una manta vieja. Es para uno de esos negros que han echado -con la miserable satisfacción de los políticos- del edificio donde vivían desde hace años. Le ha invitado a dormir con él en la entrada de la librería, justo en ese hueco donde sueña todas las noches en voz alta. Hoy el hombre negro que se acuesta a su lado bajo la manta vieja, no pega ojo porque el mendigo de mi barrio no para de desearle en sueños FELICES FIESTAS Y PRÓSPERO AÑO 2026.