Espacio líquido de creación y crítica literaria. Marcelo Matas de Álvaro

viernes, 29 de mayo de 2026

Henrik Ibsen y el conflicto entre vocación y realidad

 

Teatro II (1892-1899)

Henrik Ibsen

 (Nórdica Libros, 2026)



            Después de haber publicado en 2019 un volumen con las ocho obras dramáticas que Henrik Ibsen escribió entre 1877 y 1890, la editorial Nórdica Libros nos presenta ahora las cuatro piezas que publicó durante su última década creativa (de 1892 a 1899), completando de esta manera la totalidad de la producción teatral del dramaturgo noruego. El mismo autor advirtió que en cierto modo estas obras conformaban una serie homogénea, de manera que, desde diferentes perspectivas, reflejarían una cuestión similar al tratar el conflicto entre el ideal de cumplir con la propia vocación y la terca realidad de la vida.

            Así, en Solness, el constructor (1892), el exitoso empresario de la construcción Halvard Solness teme ser desbancado de su oficio por una juventud que, para hundirle más en su desesperación, es personificada en la señorita Hilde Wangel, una suerte de Lolita que conoció cuando ella apenas era una niña y que de repente reaparece en su vida para exigirle el “reino” que le prometió en su día; en El pequeño Eyolf (1894), el padre decide abandonar la escritura de un libro al que lleva tiempo consagrado para dedicarse por entero a educar a su hijo discapacitado, el pequeño Eyolf por el que la madre experimenta un cierto rechazo al sentir que, con su sola existencia, obliga al padre a compartir un amor que a ella sola pertenece; en John Gabriel Borkman (1896), el director de un banco reconoce, después de haber sufrido una condena por estafa, que su verdadera desgracia fue haber amado demasiado el poder, lo cual le llevó a traicionar a su familia y, de paso, a sí mismo; en Cuando los muertos despertamos (1899), el escultor Arnold Rubek siente su vocación artística como un impulso vital que trasciende la propia existencia, esa realidad en la que se ve atrapado por las dos mujeres que ama.

Pero esta condición existencial de los personajes es la que posibilita -al igual que el resto de las obras dramáticas de Ibsen-, la variedad de lecturas que suscitan los textos, como la crítica social hacia los valores burgueses de su época, cuestión que, según el autor noruego, no estaba en su voluntad de escritor -más poética que política, apuntaba-, pero que, sin embargo, puede apreciarse en la reivindicación de la figura femenina en sus dramas, en el posicionamiento frente a los abusos del poder, en la hipocresía que suscriben ciertos convencionalismos, en la denuncia de los secretos y mentiras que a menudo socavan la convivencia familiar y social, en el compromiso, en fin, con los problemas sociales de su tiempo. Por otro lado, las cuatro obras de esta serie constituyen -según indica en la introducción Cristina Gómez-Baggethum, autora también de la impecable traducción-, un “período simbolista” en su producción, caracterizado por la aparición de elementos misteriosos -troles, fuerzas ocultas en las profundidades de la tierra, figuras un tanto fantasmagóricas, etc.- envueltos en un formalismo de tintes poéticos, así como la presencia de una cierta reflexión sobre el arte y los procesos creativos. 

            Con la publicación de las obras dramáticas de Ibsen -las ocho “realistas” del primer período y estas cuatro últimas consideradas “simbolistas”-, Nórdica Libros culmina el proyecto de traducción “Ibsen in Translation”, una colaboración con el Centro de Estudios Ibsenianos de la Universidad de Oslo destinada a poner a disposición de los lectores y agentes teatrales nuevas versiones de las obras del autor noruego.

(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés el 29 de mayo de 2026)

 

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