Cuando decimos NO, afirmamos más que
negamos. Contra lo que ocurre en el mundo o lo que alguien nos propone o las
leyes injustas que a diario nos vemos obligados a cumplir, nos afirmamos cuando
decimos NO. Nos afirmamos a nosotros mismos y, de paso, proclamamos, ante el
mundo, la persona o la sociedad en cuestión, nuestro derecho a negarnos, a no
aceptar aquello que no nos gusta.
Cuando un niño pequeño dice NO por
primera vez, empieza a crecer como persona, a deshacerse del pasajero cordón
umbilical para iniciar su andadura en la sociedad a la que pertenece. Aunque
parezca paradójico, con el NO se desvincula de lo que propone o manda el otro
para vincularse a un entorno social constituido, precisamente, por la negación,
la crítica y el disenso.
Decir BASTA es una forma de decir NO. Pero expresiones como
“Ya está bien, hasta aquí hemos llegado, así no podemos seguir”, etc.,
declaran, además de la negación, el hartazgo ante una situación que
consideramos insostenible. Nosotros decimos BASTA a muchas cosas, por ejemplo,
al reiterado incumplimiento del derecho de los pueblos a decidir su futuro en
paz y en libertad. Y también la naturaleza dice BASTA porque está harta de cómo
la tratamos los humanos, estúpidos al no querernos enterar de que el daño que
le causamos nos lo estamos haciendo a nosotros mismos. Esta niña saharaui ha
leído en las bibliotecas Bubisher el cuento de Agustín Comotto en el que el mar
dice basta. Junto a la maqueta que le ha inspirado la lectura del cuento, ella
utiliza toda la fuerza de su sonrisa para decirnos que está harta de decir
BASTA.
(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en diciembre de 2025)

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