Espacio líquido de creación y crítica literaria. Marcelo Matas de Álvaro

sábado, 7 de abril de 2018

Metamorfosis



La cazadora de ranas
Víctor R. Alfaro
Editorial Mueve Tu Lengua. Madrid, 2017


                
                Constituye casi un subgénero literario dentro de la LIJ aquella historia en la que el personaje central, un chico o una chica que vive durante todo el año en una gran ciudad, se ve obligado a pasar las vacaciones de verano en el pueblo de sus padres. Este deber que generalmente es impuesto por las necesidades familiares, se suele agravar debido a ciertas características propias del protagonista, como pueden ser el disgusto por tener que alejarse de sus amigos de la ciudad, la escasa atracción que siente por la vida rural o las dificultades, por problemas de cobertura, para comunicarse con el mundo exterior a través del omnipresente móvil. Pero una vez resignado a pasar las vacaciones en el pueblo, las circunstancias cambian con la presencia de ciertos personajes interesantes y la inevitable aparición de un misterio.
                Con estos mimbres Víctor R. Alfaro (La Paz, 1983), escritor y locutor de la peculiar emisora Radio SOL XXI que dedica parte de su programación al público infantil y juvenil, ha tejido una bella y conmovedora historia. 
Víctor R.Alfaro
El padre de Martina, una chica de 12 años acostumbrada a la buena vida, se ha quedado en paro y por eso, en lugar de ir a campamentos urbanos o viajes al extranjero como otros veranos, a la joven no le queda más remedio que quedarse en el pueblo en compañía de su abuela y de sus primos.  A Martina le parece insoportable tener que estar cerca de tres meses lejos de las comodidades de la ciudad, de sus amigas del colegio y, sobre todo, sin posibilidad de conectarse a internet. El pueblo es lo más parecido al infierno para ella, sin playa, sin tiendas de ropa, sin cine y sin una triste piscina. Hay un río, es verdad, donde puede bañarse con sus primos, pero ella ni loca se mete en el agua porque le da mucho asco nadar entre las ranas. La vida allí cada vez se le hace más insufrible, sobre todo después de provocar un incidente con las vacas de su tío. Su abuela, que es quien mejor comprende las sensaciones de Martina en esta especie de castigo que supone pasar el verano en el pueblo, trata de consolarla con una frase que se puede entender en un doble sentido. “Esto también pasará”, le dice, lo cual no sólo supone que los malos momentos siempre se dejan atrás, sino sobre todo que hay que tratar de disfrutar de los buenos, porque una vez ocurridos nunca más volverán. De esta lección, que valió para animar a Martina, se sirvió cuando por casualidad se encontró en el cementerio con Guillermo, un chico pelirrojo y con el pelo mojado, que vestía ropas anticuadas y tenía una cara muy blanca y las manos extrañamente frías para ese día tan caluroso del verano. 

                La aparición de Guillermo, que remite a un suceso ocurrido en el pueblo hace veinte años, envuelve la novela en un cierto halo fantástico donde la muerte y la pena se hacen presentes, pero también la posibilidad de reparar algunos hechos que a veces no son como nos cuentan. Martina contribuye a resolver ese misterio provocando, al igual que ocurre con las ranas, la necesaria metamorfosis en su amigo Guillermo, la misma transformación que ella ha experimentado en su propia piel desde su llegada al pueblo. Por ello, “La cazadora de ranas” (Editorial Mueve tu lengua, 2017) es una emocionante historia que contiene todos los ingredientes para que puedan disfrutarla los jóvenes lectores.


(Publicado en el suplemento Culturas de El Comercio y La Voz de Avilés. 7 de abril de 2018)


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