Espacio líquido de creación y crítica literaria. Marcelo Matas de Álvaro

sábado, 31 de enero de 2026

Jugar es una cosa muy seria

 



            Jugar es una cosa muy seria. Uno juega para divertirse, claro, para pasarlo bien, y eso es una cosa muy seria. Quizá la más seria de todas las cosas serias. Porque cuando juegas siempre lo haces con alguien, con un amigo, una amiga o varios. Y no hay cosa más seria que tener amigos y amigas, que compartir con ellos y ellas los buenos momentos que pasamos jugando. Además, siempre aprendemos cuando jugamos. Y eso es también una cosa muy seria. Aprender jugando. Es un engaño eso de los juegos didácticos, un invento para tranquilizar las conciencias de los padres que creen que los niños pierden el tiempo cuando están jugando. Todo juego es didáctico o no lo es. Nos enseñan a relacionarnos, a compartir y a competir, a ganar y perder, a divertirnos cuando nos gusta mucho y a aburrirnos cuando nos resignamos a jugar sin ganas. En fin, nos enseñan a convivir, esa cosa tan seria. A veces incluso aprendemos todas esas cosas que las maestras se empeñan en enseñarnos en la escuela: las formas, los colores, los números, las letras, los días de la semana, las partes del cuerpo humano o el ciclo del agua. También el mapa del mundo, donde, de la forma más seria posible, jugamos a situar de nuevo al pueblo del Sáhara en el lugar que, por derecho, le corresponde.

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en enero de 2026)

miércoles, 31 de diciembre de 2025

El mar dijo ¡basta!

 



            Cuando decimos NO, afirmamos más que negamos. Contra lo que ocurre en el mundo o lo que alguien nos propone o las leyes injustas que a diario nos vemos obligados a cumplir, nos afirmamos cuando decimos NO. Nos afirmamos a nosotros mismos y, de paso, proclamamos, ante el mundo, la persona o la sociedad en cuestión, nuestro derecho a negarnos, a no aceptar aquello que no nos gusta.

            Cuando un niño pequeño dice NO por primera vez, empieza a crecer como persona, a deshacerse del pasajero cordón umbilical para iniciar su andadura en la sociedad a la que pertenece. Aunque parezca paradójico, con el NO se desvincula de lo que propone o manda el otro para vincularse a un entorno social constituido, precisamente, por la negación, la crítica y el disenso.

Decir BASTA es una forma de decir NO. Pero expresiones como “Ya está bien, hasta aquí hemos llegado, así no podemos seguir”, etc., declaran, además de la negación, el hartazgo ante una situación que consideramos insostenible. Nosotros decimos BASTA a muchas cosas, por ejemplo, al reiterado incumplimiento del derecho de los pueblos a decidir su futuro en paz y en libertad. Y también la naturaleza dice BASTA porque está harta de cómo la tratamos los humanos, estúpidos al no querernos enterar de que el daño que le causamos nos lo estamos haciendo a nosotros mismos. Esta niña saharaui ha leído en las bibliotecas Bubisher el cuento de Agustín Comotto en el que el mar dice basta. Junto a la maqueta que le ha inspirado la lectura del cuento, ella utiliza toda la fuerza de su sonrisa para decirnos que está harta de decir BASTA.

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en diciembre de 2025)

martes, 23 de diciembre de 2025

Cuento de Navidad 2025

 

        El mendigo de mi barrio no quiere ir a dormir al albergue municipal. A pesar del frío, prefiere pasar la noche cobijado en la entrada de la librería que cerró este año. Dice que en el albergue no pega ojo porque la gente ronca y sueña en alto. Además, allí hay un horario que todos deben cumplir, mientras en la calle sólo se guía por la propia voluntad de hacer lo que se le antoja en cada instante. Me cuenta esto todos los días en los que, al pararme con él para darle una moneda, me pongo pesado con que se vaya a pasar la noche al albergue. Hoy, sin embargo, me dice que no va a dormir solo y me pregunta si tengo por ahí una manta vieja. Es para uno de esos negros que han echado -con la miserable satisfacción de los políticos- del edificio donde vivían desde hace años. Le ha invitado a dormir con él en la entrada de la librería, justo en ese hueco donde sueña todas las noches en voz alta. Hoy el hombre negro que se acuesta a su lado bajo la manta vieja, no pega ojo porque el mendigo de mi barrio no para de desearle en sueños FELICES FIESTAS Y PRÓSPERO AÑO 2026.

domingo, 30 de noviembre de 2025

Sonrisa de colores

 



            No sabemos cómo se juega en ese juego de colores. Quizá consiste en ir llenando cada pajita con el aro de cartulina que, según el color, le corresponde. El naranja con el naranja, el rojo con el rojo, el verde con el verde, el azul con el azul y el negro con el negro. También puede ser que con la pajita de plástico se juegue a pescar los aros de cartulina, como se pescan en el río o en el mar los peces de colores. Incluso podemos imaginar que se trata de ir construyendo velas cada vez más altas para iluminar con colores el oscuro cielo de la noche.

            Lo que sí sabemos es que los aros, los peces o las velas imaginadas alumbran la sonrisa de la niña que juega. Surge ese momento único en el que de pronto aparece la maravilla de un mundo lleno de colores. Es un instante pasajero, fugaz, pero que se vuelve infinito en la alegría de la niña concentrada en ese presente de siempre jamás. Una alegría contagiosa, como puede apreciarse en su misma camiseta que, milagrosamente, también ha empezado a sonreír. Y en nuestra propia cara -en la tuya y en la mía-, que no puede dejar de mirarla, absorta, iluminada con una sonrisa de colores.

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en noviembre de 2025)

domingo, 2 de noviembre de 2025

Las vicisitudes de la vida


Una tierra tan lejana

Armando Murias Ibias

Velasco Ediciones, 2025



            Una tarde de tormenta, un viejo afilador medio ciego y cojitranco, acompañado de un perro, aparece de pronto en un poblado minero. A su alrededor se junta un grupo de vecinos para escuchar las historias que cuenta el viejo. Entre ellos se encuentra Basilio, quien, “firme seguidor del empirismo”, acude con la intención de mofarse del cuentacuentos. Sin embargo, al día siguiente es el propio Basilio el que parece encontrar sentido a las historias que en la víspera tanto empeño había puesto en desdeñar. Estos dos días enmarcan el contenido de la novela Una tierra tan lejana (Velasco Ediciones, 2025), pues entre el primero -contado al inicio- y el segundo -relatado en el capítulo final- se van desarrollando en paralelo dos historias que, en consonancia con el marco propuesto por el autor, bien pudieran haber sido inventadas y contadas por el propio afilador aparecido en el pueblo. 

            En capítulos alternos (titulados impar y par) se cuentan dos historias que comienzan a ocurrir en lugares muy alejados entre sí. Una transcurre en el poblado minero de La Camocha y relata la historia de Argentina -apodada La Generala- y su descendencia, dos hijos y una hija productos de tres relaciones distintas. Cada personaje presenta una peculiar historia, unas vidas condicionadas por ciertos atavismos y por diferentes reveses que conducirán al desamparo y la tragedia. La otra historia empieza en Nador, donde el joven Rachid -después de morir su madre- embarca hacia Almería, primer destino de un periplo lleno de incidentes que va sorteando gracias a su habilidad con la navaja. Es precisamente su manejo lo que -casi a modo del significado que tiene el objeto mágico en los cuentos clásicos- se puede entender como el hilo conductor de la novela, pues su presencia -su certero empleo en oportunos momentos de la trama- es el elemento que salva al protagonista y lo hace avanzar.

Con Una tierra tan lejana, Armando Murias Ibias (Caboalles, León, 1955) nos presenta el mundo de la minería que, como lacianego afincado en Asturias y estudioso del léxico minero, conoce bien: la fundación del poblado de La Camocha, los inicios del sindicalismo, hasta llegar al declive y a la vida agónica de los últimos mineros del carbón. Pero, en paralelo, también nos relata el oscuro mundo del contrabando y de los negocios turbios, las venganzas y las traiciones de unos personajes que se mueven entre el miedo, la culpa, la sumisión y la forzosa necesidad de sobrevivir.

Los capítulos “impares” en tercera persona y los “pares” en primera, así como un episodio en forma de teatro -género en el que Armando Murias Ibias ha desarrollado buena parte de su labor literaria- y el penúltimo donde confluyen las dos historias, nos muestran un autor dotado de unos recursos en los que también destaca la agilidad de la narración, una prosa precisa que nos trae ecos de las historias que se contaban por los caminos y los pueblos de antaño. Cuentos -reales o inventados, tanto da- que nos siguen hablando de cómo, desde el esencial desamparo del ser humano, cada uno, a su manera, va afrontando las vicisitudes que presenta la vida.

  

(Reseña publicada en el suplemento Culturas de El Comercio La Voz de Avilés. 31 de octubre de 2025)

viernes, 31 de octubre de 2025

Ponerse de puntillas

 




            Ponerse de puntillas para tratar de alcanzar lo que está lejos. He ahí uno de los aprendizajes de la vida. No sé si el más importante, pero sí uno de los que más importan, porque ir más allá de lo cercano -de lo que estamos acostumbrados a oír todos los días, de lo que vemos continuamente desde el alba hasta el anochecer, de lo que siempre huelen nuestras narices tan pegadas a nosotros mismos, de lo que habitualmente nuestra lengua saborea y gusta, de lo que nuestras manos (el cuerpo entero) tocan con el resignado gesto de atenerse a lo reconocido-, es buscar fuera del estrecho cerco que nos rodea la incertidumbre, la sorpresa, todo lo extraño que también nos conforma.

            Tratar de ir más allá de lo que alcanzamos con la punta de los dedos, es lo que nos hace crecer. Así, los primeros pasos que damos fuera de la necesaria protección de la familia, hacen que nos encontremos con los amigos de siempre jamás; las palabras que salen por nuestra boca cuentan lo que no vemos ni está presente; el grito de rabia, de alegría, de dolor o de auxilio se agarra a la cola del viento que nos acaba de rozar la cara; la mano que estiramos para alcanzar el libro que está en el estante de arriba busca, en lo casi inaccesible, aquella historia que alguien imaginó para nosotros, el cuento que nos ayudará a seguir creciendo como mujeres y hombres.

            Y lo mismo ocurre con la sociedad y los pueblos. Si nos acomodamos en la contemplación de la única y continua visión de lo que acontece dentro de nuestras fronteras, y no nos atrevemos a ponernos de puntillas para alcanzar con nuestra mirada la mirada del otro, nunca podremos crecer, ni como sociedad ni como pueblo ni como nosotros mismos.

(Publicado en el Boletín Sahara Bubisher en octubre de 2025)

martes, 30 de septiembre de 2025

De la formalidad a la utopía

 


 

Asamblea 2025

            Como en los últimos años, nos reunimos en el albergue Puerta del Campo de la Granja de San Ildefonso (Segovia) para celebrar nuestra asamblea anual. El sol y las nubes se alternan al compás de un viento tibio, un soplo otoñal al que cada vez le cuesta menos hacer volar hacia el suelo las hojas de los árboles. La alegría por el reencuentro se muestra con esos abrazos, besos y sonrisas que, más allá del protocolario saludo, expresan la sincera manifestación de la complicidad que nos une. En ese primer contacto también hay tiempo para mencionar experiencias pasadas y recordar a los compañeros que, por las razones que sean, este año no han podido acudir. Celebramos la variedad de nuestros lugares de procedencia, desde los cuatro puntos cardinales de España e incluso de Portugal.

            La formalidad exige que la asamblea transcurra por los cauces normales apuntados en el orden del día -Bienvenida y presentación, Lectura y aprobación del acta anterior, etc.-, el necesario trámite para dar cuenta de lo realizado en los campamentos durante el último año, presentar el presupuesto para el próximo ejercicio y renovar los cargos de la Junta Directiva. De todo ello y de los acuerdos tomados casi siempre por unanimidad el secretario levantará la correspondiente acta a la que tendrán acceso los socios. La información de los miembros de la Junta, las demandas de aclaraciones, las preguntas, las puntualizaciones, las tomas de palabra, las intervenciones espontáneas, en fin, los vaivenes propios del debate hacen que se interrumpa la sesión para seguir por la tarde.

Y es entonces, en el último punto del orden del día, cuando aparece, como una luz vespertina, la utopía. Antes, uno de los asistentes ruega que desaparezca la palabra “ruego” del apartado “Ruegos y preguntas”, aparente paradoja -o “parajoda”- que, sin embargo, se justifica porque en esta asociación no hay ruegos que valgan, sino sugerencias, propuestas, observaciones, apostillas…, sinónimos que proponen, pero no imploran. La asamblea, por unanimidad, acuerda rogar a la Junta Directiva que elimine el “ruego” del apartado “Ruegos y preguntas”. Este fue el primer paso para la utopía, pero el siguiente vino cuando, enredados en un acalorado debate sobre la esencia del Bubisher -Asociación, ONG, ONGD, Utilidad pública, Ayuda al desarrollo, subvenciones, independencia…- y la renovación del nombre -Bibliotecas por/en el Sáhara-, tomó la palabra Nuno -un amigo portugués que trabaja como “Bibliotecario ambulante” por la zona de ProenÇa Nova- para decirnos simple y llanamente que él tiene el mejor trabajo del mundo, que una biblioteca es el último refugio para la utopía, un lugar que no es sólo el propicio para leer, estudiar y sacar libros, sino sobre todo un espacio para la convivencia y el entendimiento, para el encuentro que haga posible la conciliación entre la razón y el corazón. Y también dijo -con el énfasis con el que se afirman los más profundos convencimientos- que el Bubisher era la propuesta extrema de esa utopía, porque en todos estos años se ha empeñado en sembrar con bibliotecas precisamente allí donde no hay nada, llevando, más allá de la cultura y la educación que representan los libros, ese espacio único donde el sueño de una humanidad mejor es posible.

Y más cosas dijo que se quedaron flotando en el silencio de una asamblea que, emocionada hasta las lágrimas, se dio por concluida para que nos diera tiempo a ver el documental que está haciendo Gustavo sobre las Vacaciones en Paz y la vida en los campamentos. En los “retazos” que nos puso, pudimos apreciar su capacidad técnica y artística, la cualidad plástica de las imágenes, la fuerza expresiva de los niños y niñas del Sáhara. Después Nuno -luciendo una camiseta roja que en inglés decía “Yo soy un bibliotecario ambulante. ¿Cuál es tu superpoder?”- quiso ponernos unas fotos de su trabajo, pero al percatarse de que se había confundido de pendrive, utilizó su palabra –“que nunca falla, que siempre traigo conmigo”- para contarnos su labor por los pueblos que visita con su bibliobús y, de paso, volvernos a emocionar con historias y anécdotas que, en verdad, logran que sea posible la utopía.

Después de la cena, dos compañeros cantan a capela un poema de Fernando y, ya en una de las cabañas que se asemejan a las jaimas del desierto, volvemos a reunirnos para de una vez por todas “arreglar el mundo”. A la mañana siguiente, llueve débilmente. Llueve sobre los tejados del albergue, sobre los árboles y la tierra seca, sobre todos nosotros que nos despedimos con los abrazos y besos sentidos hasta el próximo reencuentro. Llueve sobre las palabras que seguirán sembrando la utopía de hacer brotar bibliotecas y bibliobuses en/por los campamentos del Sáhara.

(Publicado en el Boletín Sáhara Bubisher en septiembre de 2025)